Y la mejor serie española es...


Justo el fin de semana saltó la noticia que destacaba a El Ministerio del Tiempo como la mejor serie española de la historia, seguida por Crematorio e Historias para no dormir. Una apuesta que seguramente a los críticos les ha costado lo suyo. Qué difícil elegir. Porque, a ver, si una empieza a hacer memoria no puede desprenderse de ninguna de esas magníficas ficciones del recuerdo. ¿Cómo deshacerse de Fortunata y Jacinta, con aquella Ana Belén memorable; o Los gozos y la sombras, con Charo López; Cañas y barro, con Victoria Vera...? Uf, si echo la vista atrás se me amontonan las imágenes, también de las comedias como Médico de Familia, Farmacia de Guardia... o aquel grupo de periodistas que nos guio la vida con Coronado al frente. Pero mi Ministerio del Tiempo me echa para atrás irremediablemente. Por mucho que ahora se hable de La casa de papel, yo me quedo clavada en dos momentos televisivos inmensos. Son mis series, las series de los ochenta que anunciaban cambios y nos abrieron los ojos. De ese cajón de la memoria rescato a Chanquete, a su pandilla de Verano azul y esas lágrimas infinitas de toda una generación. Y lo siento por Antonio Alcántara, pero para mí Imanol Arias sigue siendo aquel joven abogado que enamoró locamente a Ana Diosdado en Anillos de oro ¡en una sola temporada! Qué final intenso y qué emoción. Toda una serie de culto, de las grandes, como aquel gran amor.

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