La ele geminada


La Academia Francesa ha advertido que la «aberración inclusiva» pone en «peligro de muerte» la lengua nacional. Los inmortales estallaron cuando empezaron a aplicarse las recomendaciones de un organismo gubernamental sobre el lenguaje inclusivo, el que pretende combatir el sexismo. Una de ellas es que se citen siempre los dos géneros (ma mère et mon père en vez de mes parents). Otra, que se añadan sufijos femeninos a los sustantivos masculinos, con una separación tipográfica. Esta es más difícil de poner en práctica. Quienes la aplican usan la barra, el guion, la mayúscula, el punto, el punto alto y el punto medio (·). Es este el más utilizado.

El punto medio solo se emplea en catalán, donde forma parte de la ele geminada (l·l). Las consonantes geminadas son las constituidas por dos partes idénticas, entre las que se establece el límite silábico. En español se pueden duplicar los fonemas /n/ y /b/, lo que se representa en lo escrito como -nn- y -bb- o -bv-: connivencia, perenne, subbético. Caso distinto es el de ll y rr, que son dígrafos, secuencias de dos consonantes iguales que representan un solo sonido.

En alguna época, dos eles consecutivas entre vocales también podían pertenecer a sílabas distintas. Esto ocurre actualmente en catalán (col-li-dir, go-ril-la), que también tiene el dígrafo ll (ca-llar, cas-te-llà). Pompeu Fabra se planteó a finales del siglo XIX cómo distinguirlos. Si dos eles representaban el sonido doble, la elle debía ser representada con otro signo. Él empleaba una ele cruzada por una barra. Sin embargo, su planteamiento no prosperó, y la elle siguió escribiéndose en catalán como en castellano, ll. Se optó entonces por marcar gráficamente la ele geminada. Se proponía el guion (l-l), que Fabra rechazaba. Finamente, en las normas ortográficas de 1913 se optó por el punto medio (punt volat), que se colocó entre las eles: al·licient, col·legi, passarel·la.

En español existe una palabra que se puede pronunciar pero no escribir porque carece de un signo equivalente a la ele geminada. Se trata del imperativo de segunda persona de singular del verbo salir (sal) cuando se le añade el pronombre átono le. Pronunciamos sal-le, pero si escribimos salle se leerá sa-lle. Parece excesivo incorporar al sistema gráfico de un idioma un signo solo para poder escribir una palabra, pero que esta no pueda plasmarse en el papel pone de manifiesto que hay una laguna en el sistema.

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