El raposo y el churrasco

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

16 sep 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Icono de nuestra tradición oral, el hermano zorro, el curmán raposo, el pariente golpe -Vulpes- de todos los gallegos es desde siempre uno de los nuestros.

El lobo y el zorro, cada uno ubicado en un rincón de nuestra memoria, forman parte de nuestra fauna doméstica, pueblan nuestras historias al igual que habitan y protagonizan las fábulas de Esopo, de Samaniego o de La Fontaine con zorros sabios, astutos o pícaros cambiando las reglas del juego con pájaros, uvas o caballeros que cruzan los límites del bosque, procurando una historia ejemplar que sirva de guía para los humanos.

Soy partidario de los raposos, todos los zorros son vecinos de una parroquia imaginaria que coincide con el mapa de Galicia.

Lector de Bruno Heitz, admirador del roman de Renard, del maese zorro y de todas las argucias, debo mandar recado de escribir con motivo de las noticias que dan cuenta y razón de las nuevas historias de raposos contadas en las páginas de este periódico. Noticias como las de ese zorro que acude cada noche a comer su ración de churrasco a un mesón de una parroquia de Rianxo. Sobre las once, cada noche, reivindica su plato del día, que el camarero le sirve caliente. Poco más que un pequeño plato. Don raposo lo saborea sin prisa, y al terminar inclina la cabeza hacia su generoso proveedor, interpretando sin palabras un agradecido gesto de buena digestión

Los pobres golpes están famélicos. Ya no hay gallinas en los corrales campesinos. Las cooperativas estabularon a la avifauna, y es difícil asaltar con nocturnidad y alevosía un gallinero. Los zorros se conforman con el menú del día, con comer en las tabernas como los señoritos, con humanizar su discurso de largas caminatas hasta encontrar uvas como en las fábulas o condumio gallináceo como antaño.

Se conforman con la mendicidad de mesones y fondas, con tres costillas de churrasco, como alternativa a los conejos, a los ratones de campo o a los excelentes postres que la madre naturaleza nutre a los árboles frutales.

Y el raposo sueña con higos previos al San Miguel, o con mieles de abejas laboralmente activas.

Este zorro de la noticia, el raposo del churrasco, es un golpe casi marino. En Rianxo hay una buena temporada de parrochas y xoubas, son antológicas las raciones de pulpo á feira y el buen animal no le hace ascos a unos calamares de la ría,

Se conforma con las costillas de ternera y de cerdo, pero ya comienza a estar un poco harto y le apetece, cada vez más, modificar su dieta.

Son historias de animales, de nuestros compañeros, en un país que sigue contando los fabulosos sucesos que han llenado de magia nuestras noches. ¿O no, mesié Renard?