La larga espera de Galicia


En 1873 entró en funcionamiento la primera línea férrea que conectaba Compostela con el mar de Arousa y en 1881 se inauguró el trayecto Vigo-Ourense. Es bien conocido el poema donde Curros relata la impresión causada por una ciclópea locomotora de vapor: «Tras dela non veñen abades nin cregos; mais ven a fartura i a luz i o progreso!». Mucho después, poco se había avanzado. En junio de 1931, John Dos Passos, desde Madrid, escribía a Hemingway, que había estado por Galicia poco antes: «El Gobierno acaba de parar los trabajos del ferrocarril Coruña-Orense (los camiones y los autobuses están terminando con él) y los gallegos van a proclamar la República Socialista de Galicia hasta que comiencen de nuevo las obras. Además, van a hacer una huelga general el día de las elecciones y no van a ir a votar...». Aquella decisión dejó sin trabajo a 12.000 operarios, «os carriláns», que protestaron duramente con el apoyo de comunistas y anarquistas. Durante la Guerra Civil y la posguerra, se produjo una fuerte represión contra los cuadros sindicales ferroviarios en toda Galicia. Al mundo sindical, especialmente a la UGT, se debe una intensa reivindicación sobre el trazado más conveniente del AVE para Galicia, en cuyos planes fuimos incluidos por el Gobierno de Aznar como compensación por el Prestige. Otra larga historia comenzaba con aquel anuncio que tardó bastante tiempo en tener partidas presupuestarias y un plan de obras realista.

Cada campaña electoral renacen las promesas sobre la Alta Velocidad, con aplazamientos continuos que llegan, implacables, poco después del anuncio de turno. Como en otros momentos históricos, también se activa y se aplaca, a conveniencia, el intento de desviar los recursos destinados al AVE gallego para favorecer la salida hacia el Mediterráneo.

Nada nuevo para un pueblo acostumbrado a esperar, e incluso, a no llegar a tiempo. Dieciséis años y cinco ministros después de aquel lejano 2003, el actual portavoz del Gobierno de España ha fijado en el 2019 la nueva fecha en la que, tal vez, se hayan conseguido solventar algunos problemillas que nadie había previsto. A día de hoy, los obstáculos para finalizar la conexión ferroviaria de Galicia por Alta Velocidad tendrían que estar muy bien definidos y con las respuestas oportunas sobre la mesa. No es de recibo que a estas alturas siga sin resolverse el bloqueo de tramos por «inesperados» problemas técnicos, o por no haber realizado el obligado estudio de impacto ambiental para la conexión por Cerdedo, parado desde el 2011, o por no haberse electrificado en todo este tiempo, las vías hasta la frontera con Portugal, sin lo que no habrá Eje Atlántico...

Estamos condenados a la procrastinación. Castelao, diputado por el Partido Galeguista en las Cortes republicanas, en su famoso discurso sobre la necesidad de activar la llegada del tren a Galicia, llegó a decir que su historia estaba llena de sangre. En verdad, dura demasiado tiempo este hábito de retrasar la solución a nuestra necesidad de estar conectados de forma útil, moderna y adecuada a los tiempos que corren, con el resto del espacio terrestre.

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