Capitán Trueno

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

Sigrid es la novia del capitán Trueno. Me permito tomar su nombre para ilustrar un tipo de mujer que últimamente se ve mucho en el mundo de la posverdad y en las consultas psi.

Se trata de mujeres jóvenes que salen con uno de tantos chavalotes que pueblan nuestros bares y a quienes lo que más les motiva a la hora de divertirse, es salir con los amigos a cocerse como piojos en alcohol, cocaína y demás drogas hasta bien entrado el amanecer.

Para ellos el plan tiene su atractivo -los hombres siempre han sentido pasión por el alcohol y las broncas-. Para las chicas, sin embargo, la diversión no suele pasar de la contemplación asombrada de cómo los hombres pueden divertirse de una forma tan insolente; algunas llegan a integrarse perfectamente asumiendo el rol de amazona urbana y participan en la divertida carrera del coma etílico y los desfases absurdos; otras optan simplemente por sobornarse al beneficio de ser la chica de un capitán Trueno, resignándose al papel de acompañante pasiva y descanso del guerrero. La cómplice dureza del amo las hace sentir importantes.

Por eso estas Sigrids de la vida aguantan brindis, broncas y babas con una presencia de ánimo sorprendente, convencidas de que si quieres ser princesa, te toca pagar las multas del macho alfa.

Sufren miedo, celos, humillaciones, resacas y tardan en darse cuenta de que su malestar se debe al profundo sufrimiento preventivo que produce compartir la vida con el héroe. Y los Truenos ni se enteran ni quieren enterarse, porque bastante tienen con seguir vociferando para conservar el poder en la relación y con recuperarse de la última tajada de alcohol duro y sexo blando, de la partida de golf o del paseo en yate. El capitán Trueno no tiene clase ni edad, cualquiera puede serlo.

Estas mujeres que se desviven por serlo todo para él acaban siendo nada para nadie: su identidad depende del otro. Este es el tormento de Sigrid: darle boleta y salir del infierno o darle mimitos y acabar asesinada psíquica y físicamente; ese es el dilema: el miedo a liberarse y tener que reconstruirse o someterse del todo.

Los crímenes de género son cosa de dos y no solo de un desalmado capitán Trueno.

Se está pretendiendo hacer un retrato robot del maltratador y la víctima como medida de prevención y ojalá lo consigan, pero me malicio cómo se pueden discriminar estos rasgos cuando todos, damas y caballeros, los tenemos en potencia; porque no solo son los hematomas, son las palabras las que hieren como dagas. Todas las parejas se dicen y consienten cosas que destruyen y pueden llegar a matar.

Sean cuidadosos.