Continuidad y control


Estamos en época de formación de Gobiernos repetidores. El de Mariano Rajoy ya ha sido constituido. Queda pendiente nuestro Gobierno autonómico, el de Galicia, en el que no se esperan grandes cambios. La estabilidad es buena. Contar con los que lo hacen bien es muy sensato, sobre todo cuando la intención es administrar con la mayor honestidad posible. Es cierto que, en Galicia, Feijoo ha buscado la gestión más eficiente, la mejor utilización de los recursos y ha intentado evitar el despilfarro o el beneficio para los fuertes en detrimento de los débiles. Todo eso es muy cierto, pero también es cierto que las intenciones no son suficientes. Es necesario contar con mecanismos de control de la actividad administrativa en todos los sectores. Unos mecanismos serios y rigurosos para no recibir sorpresas desagradables como, por ejemplo, los ERE de Andalucía, los contratos de Valencia; o nuestros problemas pasados del Igape con la operación Campeón; o los desastres de Caixanova y Caixa Galicia. La continuidad de las estructuras de los Gobiernos pueden ser una fuerte tentación para cargos que tienen en sus manos gran capacidad de decisión, porque sus jefes no lo pueden controlar todo.

Por eso creo que es necesario que las comisiones de control parlamentario sean más rigurosas. Los comisionados deben buscar preferentemente el conocimiento de la verdad de las decisiones y no quedarse solo en el impacto social de sus iniciativas. Con demasiada frecuencia los parlamentarios se conforman con unos datos superficiales y una también superficial crítica política. Nunca llegan al fondo de las cuestiones. Fuera de lo que sea pura acción política no suelen interesarse por lo que esconden los datos y las decisiones de los organismos de la Administración. Parece que consideran cumplida su función cuando sus iniciativas son recogidas por los medios de comunicación, con independencia de que lleguen a conocer o no los datos solicitados. En muchas ocasiones, las iniciativas parlamentarias de control están basadas en datos erróneos, falsos o confusos, que no han sido contrastados. De esta forma se gasta mucha pólvora dialéctica en batallas perdidas de antemano y los gestores siguen careciendo de verdadero control.

También es muy necesario que los consejos de administración de los entes públicos sean auténticos organismos de control de la gestión de su empresa. Con demasiada frecuencia se designan componentes que no planteen problemas y no pretendan conocer los datos reales del ente. Son consejos de administración cuyos miembros se quedan tranquilos con las explicaciones y justificaciones de ejecutivos hábiles. Así han pasado en Galicia casos como las mencionadas cajas de ahorro, donde los consejos de administración no se enteraban de nada o no querían enterarse. Casos como Bankia, en Madrid, donde las tarjetas black pesaban más que las razones. O Valencia, donde la extinta televisión llegó a niveles de gestión tan deplorables que no se puede eximir de responsabilidad a sus órganos de control.

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