Aparcar en zona roja


Astrofísico y divulgador

Aterrizar en Marte no es fácil. Para llegar a la superficie de una pieza el robot Schiaparelli tiene que pasar «seis minutos de terror» en los que tienen que funcionar a la perfección todo tipo de ingenios como escudos térmicos, paracaídas o retrocohetes.

 ¡Allá va! Al rato llegan datos de la entrada en la atmósfera, después silencio, la sonda no da señales de vida. Puede que este marcándose un Beagle2,  que se estrelló en Marte en 2003 o un Philae, que rebotó en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko hace un par de años. Toca esperar a que se pueda confirmar el estado de la sonda.

 Esta era la parte fácil, ya que en realidad este robot es solo el telonero, apenas un ensayo sin casi objetivos científicos antes de la verdadera misión: llevar un pequeño coche lleno de cámaras y detectores para buscar marcianos en el año 2020, el rover ExoMars. No se espera encontrar grandes formas de vida, como mucho microorganismos, pero lo sorprendente es que aún hoy tenemos dudas de si hay vida en Marte.

¿Y si hay vida?, ¿es posible que la vida apareciera en Marte y contagiara a la Tierra?, ¿si la vida aparece tan fácilmente, porque no encontramos nadie con quien comunicarnos?, ¿tenemos derecho a invadir un planeta con otro tipo de vida, aunque sean microbios? 

Tendremos que esperar a la llegada de ExoMars, aunque por desgracia que llegue a despegar depende de que Schiaparelli no se haya estrellado, por lo que en la espera nos jugamos responder a la pregunta de si estamos solos en el universo, al menos a nivel microbiano.

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