No consigo entender a los llamados sanchistas o partidarios de Pedro Sánchez, porque este extraño líder no ha conseguido otra cosa que ir de derrota en derrota hasta el desastre final. Y tampoco creo que haya demostrado capacidades proféticas acreditadas por otros resultados. Cuando regresó al Congreso en el 2013 (en la vacante de Cristina Narbona) advirtió con aparente gracia: «Si vuelvo a la política, es para liarla, para hacer algo grande». Viendo el PSOE que ha dejado, creo que en esto sí que cumplió, para mal.
Cuando anunció su candidatura a la secretaría general, en junio del 2014, Sánchez auguró «el renacimiento del PSOE», porque los socialistas eran «el partido de los once millones de votos». A partir de ahí, ya convertido en secretario general, no dejó de encadenar elecciones con cada vez peores resultados. Por eso me pregunto qué echan en falta ahora los que se dicen sanchistas. ¿Acaso el «no es no» de Sánchez a un PP que, si hay terceras elecciones, quizá ni siquiera necesite a los socialistas para gobernar?
De momento, Sánchez se acomodará en su escaño, silenciosamente enrocado en un faro en el que ondeará el lema «no es no». Y si, a la postre, lograse evitar un acuerdo PP-PSOE, quizá aún podría ver unos resultados del PSOE peores que los que él obtuvo. ¿Es este su propósito para poner distancia con sus sucesivos desastres? Pudiera ser.
Confieso que nunca he podido vislumbrar a Sánchez en una posición coherente y desinteresada. Por el contrario, su ego me ha impedido demasiadas veces percibir que hubiese razones no subjetivas en sus propuestas. Si ahora el PSOE mantuviese su «no es no» (que no parece), estaríamos abocados a unas terceras elecciones. Y si esas terceras elecciones se produjesen, creo que el sorpasso de Podemos a los socialistas estaría cantado. Entonces Sánchez podría sacar pecho y acusar a otros de los malos resultados.
¿Sucederá así? No, no lo creo. No sé qué velas iluminaron al PSOE para poner a Javier Fernández al frente de su actual comisión gestora, pero creo que el acierto ha sido mayúsculo. Porque el líder asturiano sí que quiere lo mejor para el PSOE y para España. Y de esto saldrá algo bueno con toda seguridad, y con el sanchismo en su lugar.