¿Qué le aporta Rajoy a Feijoo?


Estoy convencido, aunque no podré demostrarlo con testimonios irrefutables: lo que menos le gusta a Feijoo de esta campaña electoral es la supuesta ayuda que le brinda Mariano Rajoy. Un Rajoy que arrastra por Galicia la sombra oronda de Rita Barberá, el guiño del Bárcenas arrepentido que por fin entiende el consejo del «sé fuerte, Luis», la estela alargada del caso Soria-De Guindos. Un Rajoy que, para protegerse de sus fantasmas, se esconde también en Mos tras la pantalla de plasma y utiliza los conos de obras públicas para alejar de sí a la jauría periodística. Un Rajoy acosado y en declive que hace gala de su amistad con el presidente de la Xunta, sin que conste la reciprocidad, al igual que Aznar presumía de campechanía en su trato con Bush hijo.

¿Qué le aporta Mariano Rajoy a Núñez Feijoo? Una sarta de piropos, desde luego. El candidato gallego estuvo «sublime» en el debate del pasado lunes. «No es porque sea mi amigo, pero en Galicia hay un magnífico presidente». Elogios envenenados, como saben los perspicaces que leen entre líneas. Si de verdad lo moviese la amistad, Rajoy se quedaría en Madrid para apechugar con lo suyo y buscar apoyos para eliminar el «coste del no Gobierno». O en la Moncloa, siguiendo la Champions y leyendo el Marca. No estaría en Galicia, pasándole la muleta a su amigo sublime para que este, sin barrera de plasma, lidie el toro de Rita Barberá y demás ganaderías foráneas.

Rajoy no le aporta nada a Feijoo, pero sí espera obtener algunos réditos del éxito o fracaso de su amigo. En ambos casos, él ganará el premio de consolación. Si pierde la mayoría absoluta y la Xunta de Galicia, el PP se llevará un chasco, pero tal vez Rajoy pueda repetir, como hizo Franco tras la muerte de su amigo Carrero Blanco, aquello de que «no hay mal que por bien no venga». Habrá eliminado al rival que, según las quinielas de la Corte, puede moverle el sillón en cualquier momento. Pero si el éxito sonríe a Feijoo, Rajoy debe estar al loro por dos motivos: para reclamar su parte alícuota de la victoria y para impedir que la ambición de su amigo se desborde y traspase la frontera de la Canda y el Padornelo.

Estoy convencido de que ahí reside el objetivo de la irrupción de Rajoy en la campaña gallega: cerrar los puertos de montaña para evitar que Feijoo caiga en la tentación de emprender excursiones de largo recorrido. No dispongo de testimonios que avalen mi hipótesis, salvo la sospechosa insistencia de Rajoy en que su amigo, con quien no quiso compartir Gobierno en la última remodelación, no se moverá de esta tierra hasta el 2020. Ayer mismo lo reiteró a través de la pantalla de plasma: «Feijoo tiene ganas, fuerza y coraje para estar cuatro años más al frente de la Xunta». No aclaró, por supuesto, si su amigo también tiene ganas, fuerza y coraje para otra cosa.

A la espera del siguiente capítulo, que se emitirá el día 25, quedémonos con la curiosa paradoja: Feijoo habla del caso Barberá y Rajoy habla del compromiso de su amigo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
48 votos

¿Qué le aporta Rajoy a Feijoo?