Un cambio desde la izquierda


En el estudio poselectoral que acaba de publicar el CIS hay un dato que tiene una extraordinaria relevancia, pero del que apenas se ha hablado. Cuando se le pregunta a los ciudadanos a qué partido o coalición se siente más cercano, el 24,9 % dice que el PP, el 23,8 % el PSOE pero el 26 % elige la suma de En Marea, Izquierda Unida, Podemos, Compromis y En Comú Podem. Esto significa, ni más ni menos, que si estas fuerzas son capaces de presentarse juntas en una coalición electoral podrían llegar a ser la lista más votada en las próximas elecciones del 26 de junio. La responsabilidad de las direcciones de estas organizaciones es enorme: se juegan la posibilidad de ganar las elecciones y por lo tanto colocarse como la primera opción para la conformación de Gobierno.

En España existe una profunda ola de cambio, que nació del malestar social provocado por la crisis y, sobre todo, por la forma en que fue gestionada por los partidos mayoritarios. Lo que empezó siendo un rechazo a la política económica y social, que se expresó en múltiples movilizaciones en la calle, está en camino de convertirse en alternativa de Gobierno. De las plazas a las instituciones. Solo falta que las direcciones de las organizaciones estén a la altura de sus votantes y no se líen con los sectarismos, los personalismos y los debates artificiales que tanto abundan en la izquierda.

Más allá de esta expectativa electoral, la respuesta política de la ciudadanía española ante la crisis es para estar orgulloso de la gente de nuestro país. Frente a lo que está sucediendo en Francia, Austria o Alemania con el auge de fuerzas de extrema derecha, xenófobas y racistas -que exudan el rancio hedor de la etapa más negra de la historia reciente de Europa- en España los ciudadanos buscan las respuestas a sus problemas reales en fuerzas democráticas.

En la aburrida campaña que nos espera, la única novedad real sería esta coalición entorno a Podemos e Izquierda Unida, que actuaría como un revulsivo social que sin duda provocaría una redefinición del mapa electoral en general y de la izquierda en particular. Esto es algo más que una hipótesis, porque existe una base ya real que lo anticipa.

Una redistribución de los escaños en cada provincia con la simple suma aritmética de los votos de Podemos e IU en las pasadas elecciones generales del 20 de diciembre, le daría a esta coalición 14 escaños más. Pero lo más relevante es que 10 de esos escaños se los quitarían al PP y a Ciudadanos, de tal forma que en lugar de la situación de bloqueo estaríamos ante una clara mayoría de la izquierda. Y obviamente ante un cambio en la arquitectura de la izquierda, que pasaría a estar definida sobre dos fuerzas con un número similar de diputados, lo que les obligaría a relacionarse en términos de igualdad. Si el 26J es este el escenario electoral, el PSOE lo tendría todavía más difícil para volver a rechazar la posibilidad de un Gobierno de cambio desde la izquierda.

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