Maquinaba que si la nueva convocatoria de elecciones no es una segunda vuelta electoral, al común de los mortales escasamente informados se nos parece mucho. Y en esas andaba, tras escuchar el mantra de Sánchez y el análisis cansino al modo de Perogrullo de Rajoy, volví, regresé mentalmente al falso silogismo clonwnesco del enunciado socialista «qué parte del no es la que no entiende», Sánchez díxit, que constituye la síntesis, el santo y seña de la fallida y frustrada legislatura en la que el líder socialista se creyó Napoleón.
Imaginaba que mi voto estéril, perdido e invalidado, no ha servido para formar un Gobierno entre los dos partidos mayoritarios, el que no habla y el que no quiere hablar, estableciendo un diálogo de sordos que debe ser penalizado por la falta de respeto que ha supuesto para el pueblo soberano.
Rajoy habitó estos cuatro meses en una calle cortada y Sánchez montó su campamento de campaña en un callejón sin salida donde confluía con la calle de Ciudadanos, que como bien saben es una avenida de dos direcciones, reversible, mientras la alegre muchachada de Podemos escribía sorpasso en el tablón de anuncios reivindicando que la vida es sueño.
Y de repente me planteo a quién votar en junio si ya lo hice en diciembre y mi voto, hasta ahora, no es mobile cual piuma al vento, y si no cuenta en el cómputo, si no forma parte del inventario de los comicios, me planteo seriamente su utilidad.
Pero como ejerzo de viejo demócrata o más bien de demócrata viejo, me autosugestiono para justificar mi deber ciudadano de ejercer masoquistamente mi derecho electoral, e imagino que divido en dos el voto por entregas y que en diciembre solo concedí a la historia un medio voto.
Ahora toca el otro medio voto, que posibilite un medio escaño, o lo que sea. El caso es combatir la abstención, desterrar el viejo mensaje de candidatos indignos, y distinguir entre el insulto y el epíteto incomodo, el ansia de poder y la mentira del poder no alcanzado. Aprender a sumar y saber que quien más votos totalice es el ganador y debe, con apoyos lógicos, formar Gobierno. Mi medio voto es hoy tan ideológico como lo ha sido la otra mitad, yo casi siempre voto de manera equivocada, apuesto por las causas perdidas, y cuando acierto también yerro, porque no puedo censurar el ejercicio político.
Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, es que de nuevo salgamos a empatar el partido. Hay que salir a ganar y que el nuevo Gobierno no se instale en utopías ni en discursos improbables. No hay duda de que soy partidario del bipartidismo y su alternancia. ¿O no?