Un triste esperpento


Nos aburrimos de los machos alfa de la vieja política y los arrojamos por la borda, tras pasarlos antes por la quilla electoral. Pero al abrir los ojos no vemos un jardín de lindas florecillas, sino la cruda realidad. Vivimos asediados por yihadistas que nos quieren aniquilar y descubrimos que tenemos un Gobierno cesante, que no sirve ni para ir a contestar dos preguntas en el Congreso. Como para plantearse epopeyas churchillianas. Y, con la legislatura recién desvirgada, comprobamos que los diputados nos han nacido cansados. Lo primero que han hecho ha sido estirar 21 días la Semana Santa. ¿Y la eficiente Europa? Los ministros de Interior de la UE, tras verse fugazmente esta semana, han dejado para junio lo de arreglar el problema del terrorismo. Qué prisa habrá.

Y ante tanta desidia, uno empieza a echar de menos a los machos y hembras alfa. Miterrand, Kohl o Thatcher al menos acertaban y se equivocaban a lo grande. Sin tibiezas ni contradicciones.

Porque la tibieza resucitó ayer, Domingo de Pascua, con Zapatero haciéndole el boca a boca seis años después a su Estatut y afirmando que el independentismo catalán es «solo un manifiesto».

Y las contradicciones son el alma misma de Podemos, que en Cádiz envió a Kichi velita en ristre a la procesión, pero no como alcalde, sino como hijo. Y en el País Vasco, los muy laicos camaradas de Podemos Euskadi se sumaron ayer entusiasmados al Aberri Eguna, que es el nombre que le puso el PNV al muy católico Domingo de Resurrección para festejar el día que Sabino Arana vio la luz.

Es el triste esperpento del ruedo ibérico, pero sin la clase de Valle.

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