De la gran coalición a la coalición grande


Anteayer llegó a Madrid la tesis que, con el título de «Sí se puede, pero no se debe», publiqué el día 16. Se ve que el tren sigue yendo muy despacio, y que los diputados de En Marea no deberían firmar el Pacto del Aquelarre hasta tener garantizadas las inversiones que faltan. Porque si Sánchez no le va a negar a Cataluña la independencia, ni a Euskadi y Valencia la autodeterminación, ni a Baleares y Canarias el Estado libre asociado, ni al Valle de Arán la Confederación Andorrana, tampoco nos va a negar a nosotros, tan bueniños, un ferrocarril regenerado.

La base de mi tesis, que un diario madrileño tituló «Rajoy no puede y Sánchez no debe», era la necesidad de abandonar las elucubraciones sobre lo que se puede hacer -porque en esta España populista y descamisada se puede hacer todo-, para hablar en serio de lo que se debe hacer. Claro que en la segunda parte de la tesis, que a mí me llevaba a nuevas elecciones, el diario madrileño se inventó una estación intermedia, para proponer lo que exige Rajoy -una gran coalición PP-PSOE, en la que C?s actuaría de moderador- pero exactamente al revés: una coalición grande PSOE-PP, en la que C?s moderaría las actuaciones.

¡Una genialidad!, que en provincias jamás se nos hubiese ocurrido. Su gracia consiste en que, para darle un Gobierno sólido a España, sin hipotecas populistas y bajo la influencia determinante de Bruselas, mandamos para casa al que ganó limpiamente las elecciones, ponemos de jefe al que las perdió, y, cogiendo prestadas la posición dominante que tienen los populares en el Congreso, y su mayoría absoluta en el Senado, hacemos la reforma constitucional y política que quiere el PSOE, pero sin molestar a Podemos, ni a los independentistas, ni a la CUP. Y, mediante un prodigioso y veloz proceso de regeneración, acabamos la legislatura con un PSOE transfigurado en el líder indiscutible de una nueva y moderna potencia europea -la Confederación Ibérica de Territorios Hispánicos Peninsulares e Insulares-, y con el PP arrumbado en la minoría pordiosera y explosiva que le es natural.

Se ve que la política de Estado solo se puede hacer en Madrid. Y por eso hay que entender que el gran Iglesias le haya hecho el Gobierno al pequeño Sánchez antes de empezar a negociar, poniéndose él mismo de poderoso vicepresidente, dejando para Sánchez una presidencia sin cartera, y creando -para ahorrar, aumentar la transparencia y reconfigurar España- un ministerio de Plurinacionalidad -si estuviésemos en la transición sería de Plurinacionalidad, Plurirregionalismo y Pluriprovincialidad-, que estaría dirigido por un monaguillo de Ada Colau.

Las cosas van así de raras y apuradas. Pero no se asuste, por favor. Porque tantas chorradas, emergiendo juntas, solo pueden ser el precio de la catarsis. Y si hay que pagarlo, cuanto antes lo hagamos, mejor.

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