Si le preguntásemos a muchos presentadores estrella si aceptarían participar en un reality seguramente que la mayoría diría que no. El reality se asocia a programas como Gran Hermano o sucedáneos VIP que dejan el listón farandulero muy bajo. Sin embargo, la nueva tendencia televisiva lleva la convivencia muy a flor de piel. Risto Mejide comenzó por pasar unas horas sentado en un sofá, en una suerte de intimidad de tarde de domingo que hacía que al cabo de dos horas el invitado acabase o contraído en una esquina o muy relajado en el Chester. Después Bertín dio un paso más, y sumó al sofá el acogedor almohadón al que todos los que pasaban por su casa se agarraban en confianza. Pero Bertín que tienen dotes de anfitrión dejó por si acaso que Mariló se estirase en su cama y abrió las puertas de su latifundio a todo quisque: desde Alaska a los Morancos pasando por Jesulín, en un viaje sin retorno hacia el sur. Bertín invitó y fue invitado, y el reality se hizo casa. La de todos los que se acomodaron por unas horas ante las cámaras para dar más intimidad a la conversación. Ahora, en un gesto innovador, Susanna Griso va a convivir durante 48 horas en la casa de una estrella como Raphael o Fernando Tejero, que es más estrellita, pero mantiene el fulgor del morbo voyeur en el que nos hemos instalado. Porque de repente todos tenemos el gusto de mirar hacia dentro del mismo lado.