La raya, la centolla y la ministra


El mar gallego nos sorprende en una continua paradoja. Raro es el tiempo en que alguna de sus contradicciones no aflora. De ayer mismo es el conflicto de la raya y la centolla. O por mejor decir de la gestión de los recursos pesqueros en la Unión Europea. Poco importa que ya en 1975 la FAO hubiese alertado sobre las complejidades de gestión de las pesquerías multiespecíficas, ni que el conocimiento de la dinámica de poblaciones se hubiere revelado insuficiente en estas pesquerías, acudiendo por ello a la utilización del criterio de precaución, ni que desde el propio mundo científico se hubiere alertado de las insuficiencias de los sistemas de gestión basados en los Rendimientos Máximos Sostenibles (RMS) de la Política Común de Pesca de la UE, insuficiencias evidenciadas recientemente en una reunión de la Fundación Rendemento Mínimo Sostible e Social (FREMSS).

Lo cierto es que la regulación de la política de la pesca europea discurre todavía hoy por ese estrecho carril que se desborda bien por superación del límite de capturas (TAC), bien por colisión de su reparto en áreas geográficas, y que en ninguno de los casos garantizan la sostenibilidad de la explotación en su doble vertiente: ecológica y socioeconómica.

Lo lamentable es que propuestas alternativas están entre nosotros desde hace años. El comité asesor para los recursos marinos de FAO alertaba sobre la complejidad de gestión de las pesquerías multiespecíficas en 1975, y Henry A. Regier, desde Seattle en 1978, se extendía en un análisis prospectivo de una ciencia equilibrada de los recursos. Hoy existe un amplio consenso sobre la gestión de los mismos basada en el conocimiento de los ecosistemas, incluyendo los aspectos sociales y económicos. Por lo que se refiere a las rías gallegas, en la IX Experiencia de Tecnología y Escuela Libre de Sargadelos, la celebrada sobre Necesidad y satisfacción en 1980, se presentó esta aproximación ecosistémica. Treinta y cinco años después existe un corpus de conocimiento científico amplio, en los aspectos de la ecología, la tecnología, y la economía, que nos indica que la explotación pesquera en las aguas interiores de Galicia solo será posible ordenarla y regularla entendiendo ese mar como una unidad bioeconómica, donde la explotación se ajusta a ciclos, capacidades tecnológicas y disponibilidades ecológicas.

Existe también la evidencia de que una gestión de los recursos uniformadora, al uso de la diseñada por la Unión Europea, lleva al conflicto y a la gestión deficiente. Reciente está el asombro por la prohibición del xeito o el conflicto en la pesquería de la centolla con miños, una modalidad de trasmallo con cebo, que inevitablemente tiene capturas accesorias, en este caso la «regulada raya». Y tiene razón la ministra, si no hay cuota no se puede pescar, pero es imposible que lo que no se entiende se solucione, y eso le sucede a la política pesquera de la Unión Europea y a la ministra. ¿Por qué nadie se lo explica, o por qué quien debe explicarlo tampoco lo entiende? Ganas también de olvidar aquel dicho de los meses con erre.

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