¿Otra Transición?

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

16 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Y dale con que es necesaria otra transición política en España. Me asombra la insistencia de algunos pequeños profetas que no ven posible una reforma sin llamarle transición (o, aún mejor, Transición con mayúscula). Debe ser porque la palabra se cargó de prestigio cuando sí que mereció ese nombre con mayúscula, es decir, tras la muerte de Franco en la cama. Entonces sí que había que hacer una Transición y se hizo. Pero ahora ¿de qué hablamos? ¿De transitar de dónde a dónde? Me da la impresión de que hay demasiados logreros interesados en esta burda ecuación. Porque la Transición con mayúscula ya la hicimos y fue desde la Dictadura a la Democracia. Lo que ahora toca es otra cosa, y con minúscula, pues es verdad que son necesarios cambios que corrijan y modernicen lo que tenemos, siempre de acuerdo con las experiencias habidas. No hay que tenerle miedo al cambio, porque el cambio es ley de vida y el que se quede mirando al pasado, es seguro que se perderá el futuro. Pero ese cambio necesario y razonable no debe ser nunca un cambiazo caprichoso e interesado, temible cuando roza el exceso, porque puede desencajar lo sabiamente encajado. Debemos mejorar las cosas, pero sin partirle la crisma a esta democracia que, con sus corregibles defectos, hemos ido acrecentando y consolidando. Cuando veo que a muchos se les llena la boca hablando de un cambio radical, me pregunto si saben en verdad de qué hablan. Porque no se trata de ponerlo todos patas arriba para luego lamentarlo y quizá pagarlo caro. El debate es indispensable y debe producirse para conseguir trazar con garantías el camino de los cambios necesarios y provechosos. Toda la vida es un cambio y todo está cambiando siempre, pero no todos los cambios conllevan una garantía de éxito por el solo hecho de serlo. Las garantías de acierto son lo que una sociedad debe debatir y lo que unos partidos políticos deben proponer y convertir en programas de cambio. Porque la parálisis no debe ser nunca el resultado de la acción política. Pero para lograrlo no es necesaria otra Transición. Ni una Revolución. Basta con unas elecciones normales y sus resultados correspondientes.