El tendero

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa FARRAPOS DE GAITA

OPINIÓN

08 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El votante tradicional de Convergència es el botiguer. Es ese señor que tiene un colmado en el barrio de Sants o en Vilanova i la Geltrú. El botiguer es lo que a este lado del Ebro llamamos un tendero, y el colmado es en Cataluña lo que aquí conocemos como ultramarinos o tienda de la esquina.

El dueño de un colmado suele ser un tipo más bien conservador, un poco como el Manolito de Mafalda. El 27S votó a Junts pel Sí porque está cabreado con Rajoy, con la crisis y con todo (el català emprenyat de Juliana). Pero el botiguer no quiere bromas con los impuestos, ni mucho menos con sus ahorros, que ha ganado con el sudor de la frente de la maldición bíblica. Y con lo que no quiere experimentos el tendero universal es con la idea misma de propiedad. Porque, si hay algo por lo que hay auténtica devoción en el pueblo de los botiguers no es por Faulkner -al que ya solo plagian en Amanece que no es poco-, sino por el valor de las cosas y la propiedad privada (perdón por la redundancia).

A mí este señor de Vilanova i la Geltrú me recuerda a aquella dama de La saga de los Forsyte a la que John Galsworthy convertía en «una sacerdotisa del templo del forsyteísmo, donde día y noche mantiene encendida la llama consagrada al Dios de la Propiedad, en cuyo altar están escritas estas palabras tan estimulantes: ?Nada a cambio de nada y casi nada a cambio de seis peniques?».

Por eso no deja de resultar irónico -o quizá trágico- que el partido de los botiguers haya acabado tonteando con una extraña amalgama de izquierdas y que Artur Mas, un señor de la Barcelona de bien de toda la vida, tenga que sentarse en un tipi del Decathlon a fumar la pipa de la paz con los parlamentarios en camiseta de la Candidatura d?Unitat Popular.

Si no estuviese calvo perdido después de cuadrar tantos balances en la trastienda, nuestro venerable botiguer tendría ahora mismo los pelos de punta al ver a su jefe de filas agachando la cabeza ante los muchachos de la CUP, que se declaran anarquistas y anticapitalistas; y que desde esa república catalana de juguete que están armando con el Lego de los últimos Reyes Magos (qué paradoja) se proponen largarse dando un portazo de la UE, de la OTAN y del euro. Y, ya puestos, destruir el capitalismo. El mismo capitalismo de colmado que el botiguer ama más que a su propia vida.

A estas alturas, el propietario del colmado ya habrá gritado algo parecido a lo que le soltó Mas-Colell (un botiguer pasado por Harvard) al otro Mas cuando le puso delante la desconexión exprés de España:

-¿Pero esto qué es?