¿Halloween o Samahim? No, magosto

Manuel Mandianes LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

28 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Halloween (del inglés antiguo All hallow?s eve, o víspera santa) no es más que la actualización del Samahaim, una de las cuatro fiestas celtas que los colonos escoceses e irlandeses llevaron a los Estados Unidos allá por el siglo XVIII. Los celtas celebraban a primeros de noviembre el ritual de la muerte del rey, que simbolizaba la muerte de toda la comunidad. Las otras tres serían el Imbolc, a primeros de febrero; Beltene, a primeros de mayo; y Lugnasad, a primeros de agosto. El calendario celta se regía por las fases de la luna, distinto al romano, que se regía por el sol.

Gregorio IV, en el siglo IX, cristianizó el Samahaim de los celtas con el nombre de fiesta de Todos los Santos, y San Odilo, abad del monasterio de Cluny, añadió al calendario litúrgico católico, un siglo más tarde, la celebración de los Fieles Difuntos el 2 de noviembre. La separación entre Todos los Santos y Fieles Difuntos se debe a que el calendario debía de respetar la jerarquización de las almas en el otro mundo, reflejo del tratado teológico de Las Postrimerías. Los santos son las almas que murieron en gracia de Dios y pasaron de este mundo al otro a disfrutar directamente de la visión beatífica o murieron en pecado venial y ya se purificaron en el Purgatorio y gozan de la visión beatífica. Los Fieles Difuntos es una celebración para pedir la purificación de las almas que murieron en pecado venial y, en el momento actual, están en el Purgatorio para purificarse y luego pasar a disfrutar de la visión beatífica.

La tradición celta ha llegado hasta nosotros, en su prístina originalidad, en la castañada de Cataluña, la mauraca de las Alpujarras o el magosto de Galicia. Estos ritos se celebran la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre. Esta noche se asaban castañas, se rezaba por los antepasados y, en ocasiones, se iba a la iglesia parroquial a las doce de la noche. Las tres modalidades eran un memorial de los antepasados como lo era el Samahaim para los celtas. En la actualidad, en Cataluña es tradición comer los panellets, que antiguamente se llamaban «castañas de muerto», según me dijeron los pasteleros de Olot (Gerona).