¿Querían un plebiscito? Ya lo tienen

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

V iolando los más elementales principios democráticos, el independentismo catalán planteó las elecciones autonómicas como un plebiscito sobre la secesión, lo que obligó a las fuerzas no independentistas a entrar en ese juego fraudulento, que habrían perdido a buen seguro si se hubieran empeñado en que solo hablaran de la llamada desconexión con España los que están a favor de tal dislate.

Ayer asistimos de hecho, por tanto, a un plebiscito que, emboscado bajo la forma de unas elecciones, tenía como objetivo optar sobre algo que queda fuera del poder de decisión, tanto de quien lo planteó, haciendo trampas en el solitario, como de los que fueron a votar. En consecuencia, aunque el independentismo hubiera ganado en votos y en escaños, ese resultado sería jurídicamente irrelevante, pues nadie puede en democracia saltarse la Constitución y las reglas del juego a la torera.

Dicho lo cual, no cabe duda de que el resultado de esa votación sí resultaba políticamente significativo. Tanto que ahora sabemos que los nacionalistas no tienen ni de lejos la mayoría de los sufragios de quienes han votado ni muchísimo menos del cuerpo electoral, que es como se mide el valor de un plebiscito en cualquier coyuntura imaginable, incluso en una absolutamente ilegal como la que acaba de tener lugar en Cataluña.

Y ello después de años en los que se ha mentido al pueblo catalán por tierra, mar y aire, se ha manipulado la historia de Cataluña y España entera de un modo inimaginable, se han sostenido engaños siderales (ese cuento chino reaccionario e insolidario de que España roba a Cataluña), se han negado apabullantes evidencias (como que una Cataluña independiente tendría que salir de la UE y de todos los organismos internacionales a los que como parte de España pertenece) y se han manipulado, hasta extremos de una indecencia que nadie conocía hasta la fecha, los medios de comunicación públicos, al servicio de la causa del secesionismo y de los que desde el poder han venido durante mucho tiempo defendiéndola.

Por eso la derrota de Mas, armadanzas inicial de toda esta locura que no lleva a Cataluña más que a un trágico despeñadero de la paz civil, es de tal envergadura, que hoy mismo, sin esperar un día más, está obligado a anunciar su retirada de la política, en la que es difícil de encontrar un personaje tan nefasto que haya hecho tanto daño a su comunidad y su país: en esta su tercera elección en cinco años Convergència obtiene junto con ERC menos escaños y menos votos que antes obtuvieron por separado las dos fuerzas. Más adelante será el momento de debatir cómo se puede generar en medio de este desastre una mayoría de gobierno -lo que es todo menos fácil- pero hoy toca celebrar el haber despertado al fin de una pesadilla tan absurda, tan peligrosa, tan fuera de nuestro espacio y nuestro tiempo.