Instalados en la inestabilidad


Estamos en un lío, un enorme lío que crece día a día desde que pasó lo que pasó con el proyecto de la reforma del Estatuto de autonomía de Cataluña del 2006. La estrategia de confrontación, la irresponsabilidad de unos y la ineptitud de otros ha terminado por crear un grave problema de inestabilidad en nuestro país. Las urnas hablaron ayer y su dictamen tiene que ser la base sobre la que hay que reconstruir la articulación territorial de España que, con la grieta de Cataluña, refleja que después de 40 años necesita una remodelación profunda.

Con menos del 50 % de los votos a las candidaturas independentistas se pone de evidencia que no existe una masa crítica suficiente para romper un Estado. Pero al mismo tiempo, ese casi 50 % de los votos a favor del independentismo demuestra un rechazo de un sector muy amplio de la sociedad catalana al modelo actual que sería un suicidio obviar.

Ni independencia ni mantenimiento del statu quo actual. Esto es lo que han dicho las urnas y las fuerzas políticas catalanas y españolas tienen la obligación de materializar ese mandato a pesar de la enorme complejidad que tiene, entre otras cosas por las repercusiones en el resto de territorios del Estado.

Dar respuesta a las demandas de una parte de la sociedad catalana sin romper la legitimidad institucional de España es posiblemente el mayor desafío al que se enfrenta la democracia española, en una situación de inestabilidad que viene del pasado y se va a extender al futuro próximo. Un plan decidido para intentar dar una solución estable, ya que no definitiva, debería moverse en las siguientes coordenadas. Una reforma constitucional para dar formalidad jurídica a lo que ya es de hecho un Estado federal. Reconocer que Cataluña, porque así lo dicen sus ciudadanos, es un sujeto político/institucional diferente a otras comunidades y que ese hecho diferencial tiene que ser reconocido de una u otra forma. Modificar el modelo de financiación de las comunidades autónomas para potenciar la corresponsabilidad fiscal tanto en los ingresos como en los gastos.

Una nota lateral: el auge de las fuerzas nuevas en ambos campos en detrimento de las tradicionales es un aviso más de los cambios que vamos a vivir en los próximos procesos electorales.

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