Responsables en la deriva separatista

OPINIÓN

14 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

La encuesta del CIS, no desmentida por la Diada en Barcelona, da como probable que los independentistas tengan mayoría absoluta en el Parlament. No supondría la separación de Cataluña respecto de España, ni proporcionaría base para instarla. Las cartas están echadas. Se quiera o no admitir, las elecciones van a versar sobre la desnuda disyuntiva del sí o el no a la deriva independentista. No hay posibilidad de negociar.

Las iniciativas para el reencaje de Cataluña en la Constitución podrían tener sentido para animar a la participación de los que no quieren la secesión. Procedería intentarlo si el resultado de las elecciones no diese la impresión de que se cedía al chantaje con que se han presentado por el Presidente Mas. No puedo más que estar de acuerdo con lo que desde diferentes posiciones se ha proclamado de recuperar el consenso constitucional, de reconstruir todo lo destruido, de reivindicar el espíritu de la Transición, «de la ley a la ley» ha rememorado el Presidente del Tribunal Supremo, desde la Constitución ha escrito un exministro catalán. Lo he vivido y lo he propuesto con reiteración, incluso con fórmulas precisas. No habría necesidad de presentarlo como una tercera vía entre el independentismo nacionalista y el inmovilismo del Gobierno, que resulta parcial.

Cuando se pregunta por cómo hemos llegado a esta situación insólita en nuestra democracia es inevitable buscar responsables. Queda fuera de duda que el principal es el President, que en carta abierta a los españoles ha afirmado con solemnidad la imposible convivencia en el Estado español. Pero como sucede con frecuencia en todo intento de ruptura sus motivaciones no provienen solo de una parte; también en la que impulsa Mas existen otras responsabilidades. Se comprende la preocupación de Felipe González y de Alfonso Guerra que, con una sinceridad de fácil reconocimiento por mi parte, ha alertado de «una suerte de golpe de Estado a cámara lenta». Pero ellos y Calvo Sotelo con distinguidos miembros de la extinta UCD, rompiendo el pacto constituyente, acordaron «el café para todos».