El tamaño claro que importa

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

No sé si en cuestión de penes resulta decisivo, pero en materia de empresas el tamaño importa. Y mucho. Y España la tiene pequeña: la plantilla de la empresa media no llega a cinco trabajadores. Veamos primeramente la composición de ese tejido enormemente fragmentado. Tenemos casi tres millones de microempresas, más de la mitad de ellas sin ningún trabajador y el resto con menos de nueve empleados. Sumémosle algo más de cien mil empresas pequeñas a razón de entre 10 y 49 empleados cada una. Añadámosle 18.000 empresas medianas, que tienen de 50 a 249 empleados en nómina. Y, finalmente, un puñado -menos de 4.000- de grandes empresas con 250 trabajadores o más en plantilla.

Veamos ahora el significado de esa atomización. Si excluimos del cómputo los tres millones de microempresas, la productividad de las demás -es decir, la riqueza generada por cada trabajador- es perfectamente equiparable a la de sus homólogas europeas. Si únicamente hablamos de las medianas, su productividad supera la media de la Unión Europea. Y si nos circunscribimos a las grandes, las corporaciones españolas son más productivas que las alemanas. ¿Dónde reside, pues, el problema? Acertaron ustedes: tenemos demasiadas empresas microscópicas, muy pocas pymes y escasas grandes compañías.

Veamos a continuación el diagnóstico, irrefutable, del Círculo de Empresarios. Existe una estrecha correlación entre la estabilidad y la remuneración del empleo con el tamaño empresarial. Para que todo el mundo nos entienda: a mayor dimensión de la empresa, productividad más elevada, salarios más dignos, trabajo menos precarizado, derechos laborales mejor salvaguardados, superior capacidad de innovación, exportaciones en alza... A quien aún no lo entienda lo invito a comparar, sin ánimo de ofender, la situación del mecánico de un pequeño taller del automóvil con la de un obrero del grupo PSA de Vigo. Aunque el primero se deslome a trabajar y nadie dude de su destreza, su productividad será netamente inferior a la del segundo.

Aceptado el diagnóstico, el objetivo cae de cajón: tenemos que engordar nuestras escuchimizadas empresas y subirlas de categoría. El problema, al igual que en el alargamiento del pene, reside en el cómo. Y aquí comienzan mis discrepancias con el Círculo de Empresarios. Puedo compartir que existen trabas legales y fiscales que dificultan el crecimiento de las empresas, pero nunca aceptaré que la solución pase por recortar derechos y salarios de los trabajadores. Por eso me confieso incapaz de resolver la paradoja que propone el Círculo: reducción del salario mínimo para conseguir empresas con sueldos más elevados, precariedad laboral para conseguir empresas con mayor estabilidad en el empleo, supresión de comités de empresa para conseguir empresas con más derechos laborales. Será que los caminos de la patronal, como los del Señor, son también inescrutables.