Chivo expiatorio en Angrois

Ignacio Bermúdez de Castro
Ignacio Bermúdez de Castro PASOS SIN HUELLAS

OPINIÓN

El abogado del maquinista del tren Alvia que descarriló en la curva de Angrois manifiesta que lo acontecido el 24 de julio del 2013 era un accidente anunciado, y no le falta razón. Sin pretender excusar al trabajador de responsabilidad por su despiste, era cuestión de tiempo que ocurriera. Pero resulta mucho más sencillo proceder exclusivamente contra el débil, y exonerar de culpa a los altos cargos de ADIF por no tener instaladas las suficientes medidas de seguridad. En España se hacen así las cosas desde siempre, y nada apunta a que la situación vaya a cambiar. Cogen al operario de turno, le acusan de haber matado a Manolete y al juzgado, que los auténticos responsables no están para perder el tiempo en minucias. Y aún encima nos encontramos con que la instrucción del accidente tiene todavía pendiente una docena de diligencias por lo que hasta dentro de año y medio no se celebrará el juicio. Resulta descorazonador observar cómo en ocasiones la ley está pensada para robagallinas, y no para los poderosos que dirigen el país desde sus confortables despachos. Visto lo visto, era inevitable la aparición de tanto utópico político que pretende cambiar las cosas convenciéndonos que a Manolete no le mató el citado maquinista, sino personas enviadas desde la sede central del PP.