¿Y si empezamos de nuevo?


Encaminada, como parece que tenemos, la sublevación griega, debemos aprovechar el disgusto y analizar seriamente el futuro de la Unión Europea alemana. Y asumir que lo de los griegos ha sido una broma al lado de lo que se nos echa encima; tanto que ayer mismo el ministro francés de Economía, Emmanuel Macron, no reparó en darle no más de diez años de vida a este proyecto de unión, que hicimos tan solidario, tan participativo y tan ilusionante.

Esta Unión Europea alemana de la que disfrutamos no tiene nada que ver con aquella soñada por Winston Churchill en su discurso del 19 de septiembre de 1946 en Zúrich, en el que apeló a la unión y a la colaboración de todos los europeos. Hoy andamos cada uno por un lado, a ver qué es lo que me puedo llevar y en lo que me puedo beneficiar y si para ello tengo que tumbar al de enfrente, me busco unos apoyos y sin rubor alguno lo tumbo.

Porque no es solo Grecia. La cosa viene de lejos. No se respetan los acuerdos monetarios, de inmigración, fiscales o de libre circulación. Gran Bretaña puede despedirse en un par de años, Dinamarca seguirle los pasos; los países del Este están pero no se les espera; los del sur nos estamos haciendo euroescépticos, los del norte no nos tienen en gran estima y, mientras tanto, Alemania está a sus anchas creando problemas, que es lo que ha hecho históricamente por mucho que queramos olvidarlo.

Esta Europa es inviable. Y lo es porque no existe una conciencia de ayuda y lealtad. Con la experiencia que tenemos y sabiendo lo que sabemos, lo mejor es empezar de nuevo. Como si lo vivido hasta hoy fuese un delirio.

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