Habrá quien la considere electoralista, pero la decisión de Rajoy de adelantar al 1 de julio la anunciada rebaja del IRPF no solo es positiva para todos los ciudadanos, sino también lógica. La política fiscal debe ir siempre acompasada a la evolución de la economía, de manera que los impuestos suban o bajen en función del resto de variables. Lo que carecería de toda lógica es que si la previsión de crecimiento para el año 2015 se ha elevado hasta el 3,3 % frente al 2,9 % estimado hasta ahora, la presión fiscal al contribuyente se mantuviera invariable. Después de años de sacrificios, sería injusto no trasladar cuanto antes al bolsillo de los españoles el margen de respiro que permite esa mejoría. Ahora, también los Presupuestos deben reflejar ese nuevo escenario, recuperando los niveles de inversión recortados de manera drástica debido a la crisis.