El grave error de votar enojados

OPINIÓN

18 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

En el subconsciente de muchos ciudadanos anida la idea de que el pueblo, cuando vota, siempre tiene razón. Pero en la historia de la teoría política siempre se dudó de tal aserto, porque a la democracia se le concede el valor de legitimar el ejercicio del poder, y de igualar a todos los ciudadanos, pero casi nadie cree que por el procedimiento de acumular gran cantidad de votos queden perfectamente establecidos los objetivos del Gobierno y el camino hacia la felicidad.

Aristóteles, que sabía muy bien en qué consiste la democracia y cuáles son sus indudables ventajas, siempre cuestionó que las masas pudiesen orientar el Gobierno mejor que los sabios. Y también Maquiavelo gastó muchas páginas y ejemplos de sus famosos Discursos sobre la primera década de Tito Livio en preguntarse por qué los ciudadanos, cuando adoptan decisiones libres de marca, tienden a equivocarse gravemente. La politología moderna está llena de soluciones para este nudo gordiano de la teoría política. Pero yo, por su claridad y brevedad, me quedo con la intuitiva respuesta de Maquiavelo, para quien, mientras las personas son capaces de razonamientos y cálculos complejos, las masas tienden a abrazar elucubraciones simples y objetivos inmediatos. Y esa es la razón por la que los electores, a pesar de darle muy frecuente satisfacción a sus impulsos, pocas veces logran evitar los males encelados.

Por lo que decía ayer la encuesta de Sondaxe, los gallegos vamos a votar bajo la ciega presión del cabreo. Y esa obsesión nos impide ver que estamos usando un arma demasiado potente -el fin de la estabilidad democrática- para quejarnos de problemas y errores que nadie sabe resolver. Solo así se explica que los partidos emergentes no tengan más fuerza ni presencia que la que se necesita para desestabilizar la mayoría de los gobiernos locales y regionales, sin que se vislumbre para los poderes actuales ninguna alternativa. Salvo Noriega -al que muchos ven como el joven alcalde del BNG que se fue con Beiras por fidelidad personal-, solo el PP, el PSOE y el BNG puede optar a gobernar. Y por eso me temo que Galicia haya empezado un viaje hacia la inseguridad para el que no eran necesarias tantas alforjas.

No quiero cuestionar -¡Dios me libre!- el derecho que todos tenemos a tirarnos por el barranco y darnos un sonoro costalazo. Solo quiero compartir mi sensación de que no estamos propiciando una salida inteligente para este desastre moral y político en el que nos hemos metido. Y no oculto mi miedo a que el gustazo que muchos se van a dar el próximo domingo, castigando al sistema y viendo las caras tristes de los viejos políticos, lo acabemos pagando a un altísimo precio. El voto, bien lo sé, puede ser empleado de muchas maneras y para muchas cosas. Pero si no sirve para que nos gobiernen, todo lo demás es filfa.