El «derroche keynesiano» del AVE

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

A lbert Rivera, más falso que las monedas de latón, no es persona de fiar. Los gallegos debemos de saberlo cuando los cipayos que consiga reclutar en nuestro país vengan a pedirnos el voto. Aspira a convertirse en llave de futuros gobiernos, pero si tal sucede sepa usted que utilizará su poder como martillo. Y no martillo de herejes o de la casta, concepto cuya paternidad reclama, sino para machacar una vez más a Galicia. El programa electoral de Ciudadanos lo deja claro: aboga por hacer descarrilar el (último) AVE y destinar esa inversión a políticas de innovación. Pero el engaño no reside, ni mucho menos, en la propuesta. Al contrario, si eso fuese todo, habría que aplaudir su transparencia, por contraste con los programas ocultos o las cuentas opacas de otros.

Para demostrar la falsedad de Albert Rivera debemos recurrir a la hemeroteca. El 8 de enero de 2013, Mariano Rajoy y Artur Mas inauguraron la línea de alta velocidad Barcelona-Girona-Figueres. Con tal motivo, el líder de Ciutadans declaró que las infraestructuras como el AVE son «la mejor manera de vertebrar España y de combatir el separatismo». Conviene que el lector relea la frase entrecomillada. Y que la compare con esta otra, que lleva copyright de Luis Garicano, gurú económico de Ciudadanos: Hay que parar el «derroche keynesiano» del AVE (Entre paréntesis: ¡Pobre Keynes! El economista que más empeño puso en combatir el mayor despilfarro que puede cometer un país -mantener millones de brazos y cerebros desocupados-, acusado de calavera y derrochador compulsivo).

No nos engañemos. Lo que se dilucida no es si los recursos públicos, escasos por definición, deben ser utilizados en trenes veloces o en laboratorios de I+D. Si ese fuera el debate, llega demasiado tarde: cuando ya casi todos los viajeros experimentan el vértigo de la alta velocidad, mientras le niegan el asiento al paisano gallego. Y aún cabría preguntarse dónde estaban entonces Albert Rivera, el nacionalista español, o Artur Mas, el nacionalista catalán, ambos unidos en el boicoteo (ahora lo sabemos: el primero, vertebrando España; el segundo, preparando la secesión). Si la cuestión consistiera en una mera reasignación de recursos, el programa de Ciudadanos se limitaría a quitar el dinero del AVE para destinarlo a I+D... en Galicia. Opción discutible y tardía, pero en tal caso yo no tendría ningún derecho a insultar a Albert Rivera.

Pero el asunto es otro, y el líder de Ciudadanos y su gurú lo saben. Lo que se cuestiona es la rentabilidad de las inversiones en Galicia. Lo que se desprecia, por considerarlas rémoras del crecimiento, son las políticas de cohesión social y de reequilibrio territorial. Con tales criterios, toda inversión pública en esta tierra supone un «derroche keynesiano» que, además de ineficiente, hurta recursos al Mediterráneo innovador. Y para nuestra desgracia, ni siquiera contamos en Galicia con una fuerte corriente separatista que justifique la colosal inversión en trenes de alta velocidad.