El perverso jardinero


Pues yo a Felipe González ya lo veía venir. Comenzó torturando bonsáis, a los que fue cogiendo miedo y acabó donando la colección de arbolitos japoneses al Jardín Botánico. Luego, ¡ay!, se pasó al diseño de joyas y bisutería, y ahora, con un pasado tan lleno de crueldad, se apunta al eje del mal. O eso, más o menos, dice Maduro, el inmenso presidente venezolano que viene de conducir autobuses urbanos para envidia de Loquillo, que para ser feliz quiere un camión. El comandante Maduro era el protegido de mi general Chávez, que diría Pablo Iglesias (¡exprópiese!). Ahora Chávez se ha convertido en pajarito y Maduro en el casero desairado de las hijas de aquel. Las niñas de Chávez le han hecho a Maduro un roucovarela. Vamos, que no se van de palacio, y tampoco se bajan del avión oficial. Y mientras tanto Maduro, el pobre, viviendo de pensión, donde lo visita el único pajarito que antes fue presidente y aun antes militar golpista. Lo malo de los venezolanos es que han cogido la mala costumbre de comer, en una actitud claramente antipatriótica y golpista, y los Estados Unidos han bloqueado la entrada de alimentos y han contratado a Felipe y al Maxwell Smart. Si Maduro tuviera dos dedos de frente llamaría a Rodríguez Zapatero y a Moratinos, como ya hicieron Guinea y Cuba. Eso sería una lucha de titanes, que en lugar de las garrotas de Goya usarían los puños y las rosas. O unos encuentros en la tercera fase, que con tanto zapping uno ya no sabe qué película está viendo. Porque esto de Venezuela es una película, ¿no?

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
14 votos

El perverso jardinero