Libia no es Siria


Hace unos meses escribí en La Voz lo contrario: que Siria no era Libia. Lo afirmaba porque creía que el régimen de Assad no iba a caer tan fácilmente como cayó el de Gadafi. Así fue, hoy el Ejército sirio lucha contra el Estado Islámico yihadista del mismo lado que los occidentales. Así se diluyó el intento de los rebeldes sirios, entre los que se infiltraron los yihadistas de Al Qaida. Fue una revolución árabe como la que acabó con Gadafi en Libia, pero con distinto resultado.

Ahora, en Libia nos encontramos con que el yihadismo se ha asentado en un espacio vacío de poder y rápidamente han ocupado una ciudad costera y puerto próximo a la frontera con Egipto. Allí reina el terrorismo y lo acaban de demostrar con la muerte de los 21 cristianos coptos que han degollado cruelmente, haciendo gala de su poder fanático y criminal.

Ha sido un reto a todo el mundo civilizado. Egipto ha reaccionado de inmediato bombardeando las bases de los terroristas y pidiendo a la comunidad internacional (ONU) su intervención militar. Desde la muerte de Gadafi, Libia es un país fallido, donde diversas facciones se disputan el poder. Una gran extensión, una pequeña población y grandes recursos petrolíferos hacen de Libia un objetivo para el yihadismo, que amenaza a los otros países norteafricanos y al sur de Europa.

Veremos, pues, cuál es la reacción internacional, y sobre todo de los países europeos.

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