La cena

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

12 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Este es un país de comidas y cenas. Es así. No cambiaremos nunca. Interminables comidas y cenas de familias y de trabajo. Parece que solo sabemos decidir alrededor de una mesa. En los trabajos es un clásico. Como si la gestión tuviese que ver con la digestión. En el fondo todo es apetito, ¿no? En la política sucede lo mismo. Hay un libro muy bueno, La cena, de Herman Koch, cuya trama entera se desarrolla mientras el aspirante a primer ministro holandés come con su pareja y otra pareja de la familia. Y está esa mítica película francesa, divertida y cruel, que se titula La cena de los idiotas. Pero en España resulta que las cenas son para las conspiraciones. Mucha tinta corrió sobre la cena fría que Bono sirvió en su casa a Zapatero y a Pablo Iglesias. Por supuesto, a espaldas del partido. Resulta, habrán leído, que Zapatero tenía curiosidad por conocer al apóstol de Podemos. Y Bono, dicho y hecho. En la cena se lo pasaron muy bien, pero la que liaron después fue peor. Los puñales volando en un partido, el PSOE, que lo último que necesita son conspiraciones, a un paso como está de convertirse en el Pasok. Los expertos escribieron que Zapatero, en su modo más míster Bean, la lió parda, porque encima apoyó a Susana Díaz frente a Pedro Sánchez. Luego todos lo negarían. Pero este adelanto electoral de la andaluza, que también se decidió en una comida, huele a pulso por ser el cartel electoral de fin de año. Pero Susana Díaz, aunque la apoyen Zapatero y Bono, ha hecho una apuesta muy fuerte. Solo le vale salir presidenta de la Junta y, de momento, jamás ha ganado unas elecciones. Y las urnas de unas elecciones no son las urnas de un congreso del partido. Pobre Pedro Sánchez. Cada vez más el puesto de secretario general se parece al de San Sebastián asaeteado por mil flechas.