«Dame veneno que quiero...


Morir, dame veneno... Ay, qué prefiero la muerte que vivir contigo...». Estoy contagiada por este momento chungo, chunguito que invade la televisión y es imparable. Que nos tiene atrapados en un chonismo icónico que da programas de cante jondo a los hermanos Salazar como docurreality estrella. Por si el VIP no fuera de categoría suficiente. El chonismo que le paga 50.000 euros a Kiko Rivera por semana y 65.000 a Belén Esteban para que llore. Ole, España. Ole y ole. Y por si no llegara con tan buen ánimo, con tanta alegría cañí, ya nos anuncian a bombo y platillo lo que se nos viene encima para seguir cantando. Levántate, España. Por imperativo catódico además. Ese es el título ergonómico que le ha puesto Telecinco a ese show que pretende que padres e hijos se acoplen al micrófono para cantar juntos. «Juntos, un día entre dos... parece mucho más que un día». Más que un día y más que dos tendremos que soportar otra vez («y ya no puedo más, ya no puedo más, siempre se repite la misma historia») a los críos cantando como jilgueros. Niños que bailan, niños que cantan, niños que cocinan, niños que cuentan chistes, niños que hacen entrevistas. Padres que jalean. ¡Oh, Herodes! ¿Acaso se nos ha colado una Mary Poppins en la programación? ¿Hay algún adulto «normal» ahí fuera?

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«Dame veneno que quiero...