Sol de invierno

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

03 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El anticiclón decidió ver cómo mudaba el año en esta esquina del norte. Llegó para pasar unos días después del festival de lluvias del otoño, y como estamos en tiempo de agasallos, en la estación anual de los regalos, se empeñó en obsequiarnos con el cálido y machadiano sol de invierno. Salpimentó de escarcha campos y tejados y fue sembrando de rocío los atardeceres y la noche. Con el sol de invierno viajó el frío que a traición se fue metiendo hasta los huesos mientras el sol iba en las mañanas templando cuerpos y paisajes.

Y creció el siglo, cumplió sus primeros quince años, atrás (parece que fue ayer) quedó el cambio de milenio tan esperado, y en el primer roscón del año uno, la sorpresa fue el euro que en su interior era portador de ciento sesenta y seis pesetas y pico, que fueron el principio del redondeo de la cuenta de la vieja pasando, por ejemplo, un café de ochenta pesetas a un euro, como si tal cosa.

Y el euro volvió loca a la economía. De repente todos nos creímos ricos, los pisos brotaban en todos los solares, los bancos los financiaban a treinta años, y de propina te concedían un crédito para comprar un automóvil. Cambió la fisonomía de los pueblos y España era en coplas zapateras el país que ya había pasado en riqueza a Italia y Francia.

Pero un año se oscureció el sol de invierno, se apagó la luz y se instaló en el país la más dura de las crisis económicas conocidas. El paro con prisa y sin pausa subió hasta los cinco millones de ciudadanos en el conjunto de una población activa de diecisiete millones de trabajadores. Los pisos recién comprados con hipotecas a treinta años, o a diez, que para el caso es lo mismo, fueron embargados por miles, se oscureció el trabajo para los jóvenes, que regresaron a los caminos de la emigración y un ejército de desheredados, de excluidos, de sin techo, vagabundeó por pueblos y ciudades amparados por la caridad privada, por la solidaridad ciudadana, y todos los días con este sol de invierno, o con otro, fueron para ellos lunes al sol.

Y la sanidad, la educación y la ley de dependencia, fueron amputadas en drásticos recortes. Llegó Rajoy y los populares, la mano de hierro sin siquiera guante de seda, y fueron pasando los inviernos, los meses, y se acercó el año quince, que solo tiene tres días de edad. Y viene anunciando elecciones, trae el optimismo necesario para creernos nuestras propias mentiras. Debuta entre anuncios que presagian lentamente el final de la crisis. Dios oiga a los voceros, a quienes proclaman con Rubén que «ya suenan los claros clarines?».

Lo cierto, lo que puedo atestiguar, es que como una señal, vino para quedarse algún tiempo, el tibio sol de invierno que estalla en el cielo cada mañana, subrayando la explosión de luz que convierte enero en mayo y anima a las personas a arrimar el hombro para empujar en el calendario los días del bienestar por venir. Que lo veamos.