Merecido premio


No podía ser más oportuna la concesión del Premio Nacional de Ensayo a la profesora Adela Cortina por su último libro, ¿Para qué sirve realmente la Ética?, un texto que debiera estar en la mesilla de noche de todos nuestros políticos y dirigentes, así como en la de quienes aspiran a ocupar un puesto en la maquinaria administrativa del país en cualquiera de sus niveles. Aunque filósofa de profesión, Adela es sobre todo una mujer apasionadamente comprometida en la construcción de una sociedad que de verdad se asiente sobre la libertad, la fraternidad, la igualdad, la justicia y la solidaridad; que no son otra cosa, sino los ingredientes básicos para una democracia real y una vida humana feliz y plena. Quienes me siguen en estas páginas ya saben de mi aprecio por este libro, pues el 24 de agosto del 2013, recién salido de la imprenta, les recomendaba su lectura.

Lo estamos viendo un día sí y otro también: sin Ética esto no funciona, se pudre, se descompone. Mujer recia y dulce a un tiempo, de sonrisa amplia y mirada limpia, Adela Cortina nos dice que si las gentes no tomamos nota de lo cara que sale la falta de Ética, en dinero y en dolor, si no nos negamos decididamente a pagar ese astronómico precio, el coste de la inmoralidad seguirá siendo imparable. Y, lo que es peor, aunque suene a tópico, seguirán pagándolo sobre todo los más débiles. Este galardón no solo premia un libro que dice verdades como puños ni es el premio a una trayectoria vital e intelectual de primer orden; es, sobre todo, un grito de supervivencia, una llamada de atención, un consejo sabio y prudente.

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