Tarjetas

Diego Pérez Fernández
Diego Pérez CONTRAPUNTO

OPINIÓN

04 oct 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Se llaman Félix Manuel Sánchez Acal, Íñigo María Aldaz Barrera y Esteban Tejera Montalvo. Aunque sus nombres no digan nada, merecen una mención expresa. Son tres señores dignos de análisis. Se trata de los únicos consejeros de Caja Madrid que no hicieron uso de la tarjeta opaca pese a tenerla a su disposición. Todo el mundo habla estos días de los otros 83, los que se pulieron 15 millones de euros, pero no está de más pararse un momento a pensar en los que fueron capaces de resistir semejante tentación durante la friolera de diez años.

Les regalaron una tarjetita mágica. Pudieron quemar cajeros sin prenderles fuego. Irse a París bien acompañados sin rendir cuentas a nadie. Convertir su fondo de armario en una caja B. Comer a cuerpo de rey. Era el sueño de cualquier hijo de vecino hecho realidad. Y no hicieron nada. Mientras los otros tecleaban y tecleaban sus pines sin parar, sabiendo que sus jetas se mantenían opacas, ellos dejaron sin estrenar aquellas llaves electrónicas que abrían las puertas del paraíso.

Ignoramos si don Félix, don Íñigo y don Esteban son gente íntegra hasta el tuétano. O si alguno de ellos sufrió un ataque de vértigo. O si hay otro motivo que explique lo ocurrido. El caso es que el porcentaje de presunta honradez se queda en un paupérrimo 3,48 %. Tres de 86. Son los únicos que no se han contaminado en un sistema corrupto hasta las trancas. Habría que preguntarse por otro porcentaje: ¿cuántos de quienes insultan a los sinvergüenzas no piensan, de puertas adentro, que esos tres son idiotas? A lo mejor descubrimos que la única manera de arreglar esto es metiendo en la cárcel a quienes idean las tarjetas.