La Malaspina, una forma de hacer ciencia

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

En el horizonte está la buena ciencia. También los buenos empresarios, los buenos investigadores y una sociedad, incluidos sus políticos, que no considere el conocimiento un mundo ajeno.

Antes el mar era esfuerzo, riesgo, tecnología tradicional o innovación. Antes el mar eran peces, crustáceos o moluscos. Recursos inagotables hace solo cien años. Luego mares de minerales, de petróleo, de gas. Mares más accesibles. Mares con leyes, mares con propiedad. Mares de la energía, mares de la biomedicina, la biotecnología. Mares para el futuro de la humanidad. Mares de la alimentación. Entremezclados hombres, tecnología, intereses, futuro y más conocimiento. Y el esfuerzo para conseguirlo: en recursos humanos, en equipamientos, en inversiones, en emprendedores, en empresas.

Cuando el 14 de julio del 2011 la expedición de circunnavegación Malaspina rindió viaje en Cartagena, se completó una larga travesía investigadora de siete meses en los mares del mundo. Con el objetivo de generar un inventario coherente y de alta resolución del impacto del cambio global en el ecosistema del océano y explorar su biodiversidad, particularmente en el océano profundo. La expedición Malaspina fue posible porque se concibió y se dotó de un indiscutible liderazgo, humano y sobre todo científico. Capaz de impulsar a las instituciones, pero sobre todo de hacer confluir ideas y voluntades de más de cien investigadores en torno a un proyecto común.

Todo ello era previsible cuando se diseñó y se concibió el proyecto. Más singular sin duda es el hecho de que cuatro años después de la arribada del Hespérides, el equipo investigador siga teniendo aliento, capacidad y compromiso para hacer públicos y discutir sus resultados. Y a ello asistimos estos días cuando más de ochenta científicos -también gallegos-, en una reunión de trabajo en Barcelona, dan cuenta de los resultados hasta ahora elaborados, que según las estimaciones de Carlos Duarte, director del proyecto, apenas representan el diez por ciento de lo alcanzable.

La Malaspina ha comenzado a dar sus frutos. Los de la ciencia bien hecha. Sucede que todo ello peligra, porque como señaló Carlos Duarte: «¿Dónde están, dónde van a estar, las manos y los cerebros para hacer ese trabajo científico? Muchos investigadores jóvenes han tenido que dejar el país o están en el paro. ¿Y la siguiente generación de científicos españoles? Estoy muy desanimado».

Más allá de novedades notables de las que ustedes pueden conocer por la actividad divulgadora de la expedición Malaspina, esta forma de organizar y hacer ciencia debería servir de motivo de reflexión para políticos y gestores de la innovación, y en los grandes temas que nos ocupan y nos preocupan diseñar programas y proyectos bajo estos principios de liderazgo y de compromiso de trabajo.

La ciencia no solo es un problema de fondos económicos, que obviamente también, sino de objetivos y resultados, de liderazgo y capacidad de los investigadores. Y ahí estriba la desigualdad.