El mundial empezó en clave de batucada. Y terminó en perfil bajo. Aún tenemos en la memoria los octavos y los cuartos, casi insufribles. Ahí todavía empezó a doler más el hundimiento categórico de la Armada Invencible. Somos un país experto en lamentar lo que no supimos a hacer. Pero es necesario manifestar que aún seguimos perplejos. ¿Cómo Del Bosque y el cuadro técnico no vieron que medio equipo de los presuntos titulares estaban completamente fundidos y sin hambre? España, a pesar del fracaso, es una potencia futbolística sin precedentes en nuestra historia. Y lo puede seguir siendo. El perfil bajo en el que decayó el mundial tiene que hacernos creer. El problema no está en el nivel de jugadores, que es altísimo. Está en renovar a los de siempre. Ese fue el error en Brasil. Quedó claro en el partido contra Australia. España lleva años liderando el mercado de fichajes. Tenemos estrellas como titulares en todos los países y en los grandes equipos del planeta. Lo único que precisamos es apostar por los que tengan hambre y piernas. Piqué, Azpilicueta, Busquets no tenían piernas ni para jugar al fútbol sala. Casillas, por culpa de esa portería compartida con Diego López, no estaba en forma. Y no sé si aventurar que esos reflejos prodigiosos de portero de balonmano pueden estar sufriendo el peso y el paso de los años. Diego Costa fue un intruso en un estilo de juego que contrario a lo que él propone sobre el campo (balones largos...). Una España bien armada todavía está por encima de lo que demostraron los de siempre (Brasil o Argentina, Alemania aparte).