La idea del «shock de modernidad» prometida por uno de los candidatos del PSOE a la secretaría general, pero compartida por los tres como el gran desafío del futuro, va camino de convertirse en un «shock de desatinos» cuando Sánchez no ha tenido aún tiempo de tomar posesión del cargo para el que ha sido elegido por el 33 % de la militancia socialista.
El primer desatino esconde un burdo engaño. Al igual que sus competidores, Sánchez, prometió que, según lo ya previsto, las primarias para elegir candidato a presidente del Gobierno se celebrarían en noviembre. Lo hizo pública y reiteradamente ante todo el que quiso oírselo decir. Pues bien, de buenas a primeras, esa promesa se la lleva el viento y ya se prepara un cambio de fecha que será un auténtico cambiazo.
Yo también creo, como Sánchez y quienes apoyan su decisión, que hacer nuevas primarias en noviembre es una locura, pero eso ya lo sabían los candidatos, como los sabíamos todos los españoles sensatos, cuando Sánchez hizo su promesa, ahora vemos que con la intención decidida de incumplirla. Y quien crítica con la dureza que lo hace el flamante secretario general los incumplimientos de los otros, debe comenzar por demostrar que él sí cumple lo que dice. Un gran fiasco.
Como un inmenso fiasco ha sido la negativa del PSOE a votar a Juncker como presidente de la Comisión Europea, rompiendo un compromiso previamente adquirido con sus electores, violando la posición común de los socialistas europeos, y dando la espalda a un principio esencial para la democratización de las instituciones de la UE. Sánchez, comportándose como lo habría hecho Zapatero, justificó en un tuit que el PSOE no apoyaría «al padre de las políticas austericidas», lo que (zapaterismo puro) solo puede sostenerse desde la ignorancia, la demagogia o el simplismo más ramplón. A poco que el líder socialista lea un poco -oficio duro, ya lo sé- verá que no sabe de qué habla.
Por si todo lo apuntado no fuera suficiente, y ¡cuando aún no ha terminado la semana!, el PSC decide, ¡cambiando por quinta de vez de posición!, apoyar de nuevo el referendo de autodeterminación de Cataluña y, para que no queden dudas, vota a favor de la ley de consultas que prepara el Parlament para dar falsa cobertura a una iniciativa enloquecida e inconstitucional. De este modo sucede que, respecto de la crisis más importante que hoy tiene abierta la política española, los socialistas mantienen dos posiciones contradictorias entre sí. ¡Impresionante!
¿Estamos ante el shock de modernidad que han prometido? De ser así, creo que millones de españoles que algún día votaron socialista y que volverían a hacerlo si se les da la oportunidad preferirían menos shocks y más sentido común, coherencia y seriedad. Si es que en el PSOE queda todavía un poco de cualquiera de esas cosas.