¡Viva Europa!


Bien está la vicepresidenta Soraya cuando nos asegura que en la calle se ve alegría. Y qué razón tenía aquel sabio leonés que gustaba de gobiernos glamurosos cuando trataba de convencernos de que España jugaba en la Champions. Se quedaba corto. No solo la juega, sino que además la gana. El Sevilla se trajo la UEFA y hoy un equipo de la ciudad de la ilustrada Botella se trae la Champions. Un festín de títulos europeos. Los mejores. Qué orgulloso se siente uno sabiendo de la envidia que nos tendrán más allá de los Pirineos. Dentro de nada nos ponemos a la altura de Brasil. Mucho fútbol, mucho turismo y muchas favelas.

Sería demagógico hablar en unos días tan europeos de las deudas y los sueldos estratosféricos del fútbol, tanto como de los parados y necesitados de la sopa de beneficencia. Sería populista y miserable recordar a los desahuciados, preferentistas, estafados y a los que están a un paso de la exclusión social, o a los niños de una comida al día. Sería de una demagogia insoportable, ahora que estamos tan felices viendo cómo somos los mejores corriendo detrás de un balón, sería demagógico, digo, recordar que la crisis nos ha costado 450.000 millones y que ha dejando tiritando a medio país.

A estos de la UE les puede la rabia de sabernos superiores en lo futbolero. Por eso en el último Eurobarómetro nos retratan como de los más pesimistas e insatisfechos de Europa. Un 96 % de los españoles consideramos mala o muy mala la situación económica. Claro, preguntando por estas cosas, sale lo que sale. Mira cómo no nos preguntan por el fútbol. Porque les da rabia.

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