Uno lee un reportaje y se reencuentra con la realidad. Tal sucedió con el publicado este domingo sobre la movilidad de los gallegos y sus dificultades. En Galicia se desplazan para trabajar unas 240.000 personas de 56 ayuntamientos con más de diez mil habitantes. Estimen las que se mueven en los 249 ayuntamientos restantes. Y añadan que, según los datos de la última encuesta de población activa, solo 982.000 gallegos estamos ocupados, lo que supone que al menos la cuarta parte de los gallegos se desplazan de sus ayuntamientos de vida a otros para trabajar. Día a día, y la gran mayoría en coche particular. Para estudiar, contabilizados como desocupados, tal desplazamiento lo hacen otras cien mil personas.
En los años setenta, al cobijo del III Plan de Desarrollo se crearon en Galicia tres instrumentos de desarrollo regional: Sodiga, la Gran Área de Expansión Industrial de Galicia (GAEIG) y el Plan director territorial de coordinación de Galicia.
El Plan director territorial y Sodiga continuaron largos años, integrándose en la estructura de la Xunta de Galicia preautonómica, hasta el extremo de ser el citado plan germen de la Consellería de Ordenación del Territorio, y publicar en 1979 su propuesta de objetivos y estrategias para Galicia.
Viene ello a cuento porque no ha sido por falta de atención a la ordenación del territorio, o a planes estratégicos y de transportes, de donde nos vienen los déficits que aún hoy padecemos respecto a movilidad. Al leer el reportaje, acudí al documento editado por la Xunta de Galicia y el MOPU en 1979. Ya por entonces caracterizaba tres sistemas: uno urbano-industrial (A Coruña-Ferrol, y Vigo-Pontevedra), otro litoral (con la ría de Arousa como eje intermediario entre las dos áreas industriales, la costa de Lugo y el resto de la costa) y un tercero de economía rural e interior (con Santiago, Lugo y Ourense), señalándose problemas de accesibilidad y política de transportes, sin enfatizar suficientemente lo que cuarenta años después se ha convertido en un factor económico negativo para el ciudadano y para nuestra economía, como evidencia el plan estratégico (2007-2013) de la provincia de A Coruña elaborado por el CIEF Caixa Galicia, quizá el más exhaustivo y concreto respecto a transportes y movilidad de los que he conocido.
Las carencias de un servicio de cercanías y de planes metropolitanos de movilidad muestran los déficits de la política de transportes desarrollada, donde se debaten fechas imaginarias de finalización del AVE, olvidando costes y necesidades de movilidad cotidiana. Y no porque la escuela gallega de geógrafos o aquella otra de ingenieros civiles no lo hayan evidenciado y advertido. Tema que daría para un buen debate, un posterior acuerdo parlamentario y un cambio profundo en la Galicia del coche particular, de aquellos sin matrícula, e incluso de los chimpines. Si las diputaciones, ayuntamientos y lobbies -si existen- lo permiten.