11-M, la ignominia

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

10 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El 11-M fue el día más negro de la democracia española. El terrorismo yihadista segó la vida de 191 personas y destrozó la de muchas más, que estarán marcadas para siempre por aquel horror. Basta mirar a la cara o escuchar a las víctimas, a los padres, las madres o los hermanos de los muertos, para darse cuenta de su atroz sufrimiento. Pero a esa ignominia le siguieron 72 horas en las que el Gobierno de José María Aznar trató por todos los medios de hacer creer a los españoles que había sido ETA, cuando desde muy pronto todos los indicios apuntaban en sentido opuesto, para no perder unas elecciones que el PP tenía ganadas. Los votantes castigaron en las urnas su gestión, en la que primó por encima de otras consideraciones el cálculo político en un momento dramático de nuestra historia. Pero las mentiras y las manipulaciones no se acabaron ahí. Varios periodistas urdieron la repugnante teoría de la conspiración, sembrando el 11-M de falsedades y ridículas elucubraciones y dando pábulo a los inventos de asesinos múltiples como Trashorras o Zougam. Ni siquiera después de que la Audiencia Nacional, en el 2007, y luego el Tribunal Supremo, en el 2008, dejaran clara la autoría yihadista del atentado, cejaron en un empeño que solo servía para causar más daño a las víctimas. El PP participó durante demasiado tiempo en esa campaña. Aquellas declaraciones insidiosas de Aznar -«los autores intelectuales no están en desiertos remotos ni en montañas lejanas»- lo atestiguan. Y no fue el único. Diez años después aún quedan defensores de la conspiranoia, aunque haya quedado totalmente desacreditada. Nadie ha pedido perdón ni ha asumido responsabilidades. Ni lo harán.