Aborto, ley y pecado

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

Recibo un relato a dos voces y en primera persona sobre el aborto. Se inicia así: «El pasado martes 14 de enero afrontamos la decisión de abortar dentro de los supuestos que la ley establece a día de hoy, en concreto por malformaciones en el feto. Ese supuesto, el de las malformaciones, es uno de los que está seriamente amenazado por la ley de Gallardón. Decidimos abortar en un contexto en el que se habla del aborto con una ligereza y una falta de respeto tremenda. Abortar fue una decisión consciente y dolorosa. Fue un alivio y un drama. Fue la vida. Nuestra vida».

Las dos voces de este relato dramático son de los hijos de un compañero y amigo. No me cuesta trabajo reconocerlas en mis hijas y en tantas otras mujeres que deban afrontar la decisión de abortar.

Respeto a los católicos contrarios al aborto, y que en ningún caso lo harían. No respeto a quienes imponen, desde las leyes, sus creencias al resto de las personas. Pero me resultan intolerables las medias verdades: la Iglesia católica establece que es pecado y motivo de excomunión el aborto, cualquier aborto. No comprendo entonces que portavoces de la Conferencia Episcopal Española consideren un avance (sic) -¿menos oportunidad de pecado?- este anteproyecto respecto a la legislación existente.

Me irrita y me molesta el fariseísmo de Rajoy y su Gobierno cuando hacen una ley confesional e inhumana, con ominosas gateras abiertas para que no se diga, y no tienen sin embargo el valor de ilegalizar el aborto. Cualquier aborto. Como manda la Iglesia.

Vivo amargamente el debate grave, duro, sobre ese anteproyecto de ley del aborto del Gobierno de Rajoy. Debate que evidencia todas las dificultades y desencuentros que una ley de interrupción voluntaria del embarazo supone para esta sociedad y para los seres humanos. Me desagrada que la justificación del Gobierno y del promotor y adalid de la ley, Gallardón, para la que certifica el apoyo explícito e intenso de Rajoy, sea el cumplimiento de un programa electoral incumplido con denuedo en el 90 % de su contenido.

Me desagrada esa arenga falaz de progresismo y protección de la vida y de la mujer. Me irrita que se condene a la mujer a certificarse, por una legión de facultativos, como disminuida psíquica duradera para abortar. Me irrita y duele que un Gobierno, un presidente y sus ministros, nos amenacen con una ley del aborto de condiciones inhumanas, olvidando que el aborto está ahí, siempre estuvo ahí, aunque quieran ocultarlo. Me humilla que a las mujeres de este país se les impida, en el drama del aborto, mantener una legislación que regule su decisión, semejante a la mayoritaria en los países de la UE. Me molesta que la anuncien coincidiendo con el mandato judicial de un registro en la sede de su partido, en búsqueda de documentación de posible financiación ilegal y trama de corrupción. Me molesta que lo hagan como pantalla de ocultación.

Porque para ellos la vida, bien se sabe, importa mucho más antes de empezar.