Empezar la palloza por el tejado

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

En las últimas semanas los medios de comunicación han dado la voz de alarma acerca del deterioro que sufren las pallozas de Piornedo, en la sierra de Os Ancares. Para los lectores que no estén al tanto, se trata de un valioso conjunto patrimonial, declarado bien de interés cultural, cuyas cubiertas comienzan a venirse abajo, como consecuencia de las condiciones meteorológicas y la falta de cuidados. Ese conjunto, como otros bienes naturales y culturales de la sierra, tendría garantizada la conservación si Os Ancares gozara de una figura de protección efectiva, como la de parque natural. Así ocurre a no pocos kilómetros de la frontera gallega, en Asturias, donde no es difícil encontrar brañas con sus cabañas rehabilitadas y senderos cuidados, a la vez que las actividades turísticas o ganaderas representan una fuente de ingresos importante. Pues bien, lo que está ocurriendo en Os Ancares, puesto de manifiesto por el deterioro de las pallozas de Piornedo, no es más que la consecuencia de la inacción y la falta de iniciativa de la Administración, que, junto a la sangría demográfica, están llevando a la sierra a una situación límite. Las sucesivas propuestas de convertir la sierra en parque natural han chocado siempre con una frontal oposición para mantener el territorio en un estado de semiabandono, en donde intereses madereros, cinegéticos y de todo tipo se han impuesto al bien general.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, recientemente publicados, los concellos de Cervantes y Navia de Suarna han perdido el 13 % de su población en el último lustro; prácticamente no quedan centros escolares y los jóvenes son un bien escaso, algo que empieza a ser común en el mundo rural. Lo original de la situación de Os Ancares es que ningún territorio con un patrimonio natural y cultural tan valioso, que haya apostado por ponerlo en valor, muestra un declive tan acusado. Por ello, que las pallozas de Os Ancares comiencen a derrumbarse no es un hecho puntual, es la muestra paradigmática de lo que está ocurriendo en nuestras más altas sierras. Arreglar sus techos es sin duda urgente, pero, una vez más, es empezar la casa por el tejado. Las cosas solo cambiarán cuando empresarios locales, ganaderos y habitantes de la sierra hagan frente a quienes se aprovechan de ellos. Esos serán los cimientos que eviten que los techos de las pallozas se vuelvan a caer. En los últimos cuatro años he trabajado frecuentemente en Os Ancares. El número de personas que me he encontrado en ese período no alcanza, ni por asomo, la suma del de políticos, responsables de patrimonio cultural y etnográfico... con competencias sobre la sierra. Si entre todos son incapaces de abordar el problema, trataré de ayudarles con lo que le escuché a una mujer en Piornedo, hablando del parque natural: «Moi tontos teñen que ser os asturianos para estar contentos con millorar». Puro Castelao.