Desde donde sale el sol hasta el ocaso


Y el faraón tuvo un sueño. Del río salían siete vacas lustrosas, lozanas, gordas. Detrás de ellas aparecieron otras siete reses escuálidas, feas, extremadamente flacas, que de repente se comieron a las primeras. Las siete vacas flacas se dieron un festín con las hermosas y gordas vacas que fueron las primeras en cruzar el río. Lo cuenta el capítulo cuarenta y uno del Génesis, un bello relato bíblico que viene a colación después de que Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, resumiera con vocación profética y con un excesivo acento lírico que «el optimismo está en el aire, la etapa de hielo ha quedado atrás y el horizonte es más brillante». Proclamaba el fin de la primera glaciación del siglo, anunciaba el deshielo, e ítem más, no se mordía la lengua al señalar que su gran esperanza es que el 2014 resulte trascendental: que sea el año «en que los siete años de debilidad, en términos económicos, se conviertan en siete de bonanza».

Es evidente que el viejo sueño del faraón resulta cuando menos recurrente.

Pero la hipérbole para un país que sigue manteniendo las más altas cotas de desempleo dentro del espacio laboral de la UE está muy cercana a las declaraciones de Klaus Regling, director del MEDE, del fondo europeo, que más que un deseo en lontananza piropeó «las significativas reformas» del Gobierno Rajoy sosteniendo sin pudor que España está sentando las bases para convertirse en el horizonte de cinco años en «el motor económico de Europa».

Cosas veredes, amigo Sancho? Yo no salgo de mi asombro, y asisto perplejo a esta suerte de burbuja hiperoptimista, a la neoeuforia que afianza nuestro comportamiento colectivo de índole bipolar.

Es difícil efectuar un balance de los nuevos comportamientos en el consumo, en el empleo, en la parálisis que asola el país en materia de educación, de sanidad o de cultura.

El runrún de lo bien que empieza a ir todo es obviamente más un planteamiento de mercadotecnia que una evidente realidad. Ya no podemos ni debemos decir que todo va mal, pero tampoco aseguramos que todo comienza a ir moderadamente bien. Hacemos votos por paliar el desastre, por tocar suelo y nos conformamos, por seguir con los relatos bíblicos, con las migajas que caen de la mesa del rico Epulón.

Y, como en el salmo que se lee en la plegaria eucarística, de singular y formal belleza retórica, volvemos a instalarnos en el único y esperanzador lugar desde donde sale el sol hasta el ocaso. Confiados en que sobre nuestra sociedad, sobre el viejo solar hispano, la luz derrote para siempre a las sombras. No sé si el faraón concluyó su sueño con un final feliz.

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Desde donde sale el sol hasta el ocaso