Ya sé que el titulo suena algo extravagante, que acontecer es un verbo que no se utiliza frecuentemente para anunciar un año que comienza su andadura, aunque acontecer sea sinónimo de ocurrir o suceder, que en ese sentido y no en otro lo ubico en este frontispicio de palabras. Los años se van por la mar que es por donde sale el sol, que es convención acordada para definir el este en la rosa de los vientos. El año que está a punto de acontecer es par y será fértil en los natalicios de niñas que, como siempre ocurre, serán más que los varones, el verano vendrá cálido y frío el invierno, mientras que la primavera y el padre otoño serán canónicos y por tanto generosos en lluvias.
No puedo ser optimista en cuanto a las predicciones económicas, pues la codicia seguirá prevaleciendo sobre la justicia, y el desempleo mantendrá su cariz de plaga bíblica, de diabólica pandemia, de enfermedad crónica del capitalismo que todo lo devora como Júpiter cuando hace un festín manducando a sus hijos.
Este año cercano seguirá repartiendo la pobreza entre los que menos tienen y premiará a quienes han hecho de los mercados religión, dejándoles una vez más en sus puertas la riqueza que contienen todos los cuernos de la abundancia que imaginarse pueda.
La guerra, las guerras y el dolor coexistirán a las espaldas de los hombres que podemos impedir los conflictos armados y el hambre activará las bridas del tercer jinete del apocalipsis.
El nuevo año seguirá la secuencia ya iniciada hace un lustro de descenso por una pendiente infinita. El becerro de oro de nuevo se instalará en los altares del poder mientras desterramos a Dios al país de los olvidos.
Olvidos que continuarán instalándose en la desmemoria de millones de hombres y mujeres aquejados de ese extraño mal sobrevenido. Pero vendrá por la mar el alivio de nuestras laceraciones, llegará con un viento marino que avente las injusticias, que barra la opresión, que nos devuelva el arco iris y la aurora. Se verán señales en el cielo que anuncien el principio del fin de una era oscura. No será todavía en el año que acontece, pero debemos de estar atentos al ruido -Faulkner- y la furia.
Volverán a errar Nostradamus y San Malaquías en sus desvariadas predicciones, y del norte vendrá la brisa que escriba proclamas en la pizarra del cielo, y, como siempre ocurre, el movimiento de rotación de la Tierra alrededor del Sol tendrá un año de duración con sus 365 días, cada uno con su afán, todos con la esperanza de un tiempo nuevo que pese a la retardataria demora comenzará a ser el año, vecino, sucesivo e inmediato al que acontece. Será para bien para unos y no tanto para otros. Que todos seamos, en su inauguración, felices.