Mas, ese aventurero

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

13 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

¡Que no cunda el pánico! Tal es, creo, la idea fundamental a transmitir a la opinión pública ante la delirante concreción del desafío secesionista del nacionalismo catalán, que ayer dio la campanada al definir la pregunta que pretende hacer a los ciudadanos de Cataluña en una consulta de autodeterminación, para la que además se fijó fecha. ¡Ahí es nada!

Sí, que no cunda el pánico, pues, tras un año de disparates políticos y jurídicos mayúsculos, nos damos, al fin, de narices con la madre de todas las fantasiosas fantasías: la fecha y la pregunta.

Para no andarnos con rodeos, la pregunta (que son dos) pone de relieve que lo que mal empieza mal acaba. Mas y los que le tienen la soga política echada al cuello han decidido plantear a los catalanes dos cuestiones que parecen formuladas por el payaso Charlie Rivel. ¡Uhhhhhhhhh! Y es que los presuntos preguntadores querrían saber si los catalanes desean que Cataluña sea un Estado, decidido lo cual, querrían saber también si desean que ese nuevo Estado independizado sea independiente. ¡Sencillamente inenarrable! Tanto, que de la doble pregunta que ha salido de esos cráneos previlegiados se deduce algo portentoso: que según los nacionalistas hay Estados que se secesionan de otro y no son independientes, teoría que deben haber encontrado en el Libro Gordo de Petete.

Comprobado, pues, que CiU y sus carceleros no saben o no son capaces de ponerse de acuerdo sobre lo que hay que preguntar después de llevar hablando más de un año de la cosa del llamado derecho a decidir, el asunto de la fecha era más fácil: solo había que encontrar un día entre los 365 que tiene cada año y un año entre 2014 y los que lo subseguirán. Pues dicho y hecho.

Aclarada pues (es un decir), pregunta y fecha, sabemos ya algo trascendente: que Artur Mas ha firmado su condena a muerte política como presidente de la Generalitat con un año de adelanto. Porque, como no habrá referendo, por la sencillísima razón de que no lo puede haber, lo que nos queda por ver en el próximo futuro es la forma que tomará finalmente el seguro desenlace desastroso del increíble espectáculo de teatro del absurdo al que venimos asistiendo, atónitos, desde principios de este año. Desenlace desastroso, sin duda, para Cataluña, a la que un auténtico aventurero ha llevado, al son de canciones patrióticas, primero al borde del abismo, para dar después, como en el chiste, un paso al frente. Y desenlace desastroso para España en su conjunto, que seguirá consumiendo muchas energías en resolver un problema creado artificialmente por una casta de políticos realmente impresentables, cuando tiene por delante el más grave desafío económico y social al que se ha enfrentado el país en las tres últimas décadas. Por eso lo de Mas y su tropa es, literalmente, imperdonable.