Por lo que vamos viendo, los casos de corrupción tienen la siguiente evolución: primero nos escandalizamos, después nos aburrimos por la larguísima instrucción, más tarde curioseamos en los alegatos del juicio, damos la noticia de la sentencia, lamentamos que no se devuelva el dinero y, cuando esperamos ver el ingreso en la cárcel del sentenciado, nos sorprende con la petición de indulto. Cuanto más importante es el condenado, más posibilidades hay de que pida (y le concedan) esa medida de gracia. Debe estar en la hoja de ruta de sus abogados y lleva camino de convertirse en una costumbre. Ahora mismo, los condenados la semana pasada están preparando su estrategia para no ingresar en la cárcel. Entre ellos, los conocidos personajes Jaume Matas y José María del Nido, que el otro día hizo una compungida despedida del club de fútbol que presidía.
El ministro de Justicia tiene ahí una papeleta. Sobre todo, en el caso de Matas, porque ha sido condenado a nueve meses de prisión que, como los empiece a cumplir, los termina antes de que el Consejo de Ministros decida. Por eso Matas pide que se paralice la orden de encarcelamiento, como se hizo con el exalcalde de Torrevieja. Este señor fue declarado culpable de prevaricación y falsedad documental, pero, como pagó las costas, la multa y la indemnización, el tribunal sentenciador entendió que procedía mantenerlo en libertad y ahora solo espera el indulto que le perdone para siempre. Lo mismo hará Matas. Del Nido lo tiene un poco más complicado, porque la sentencia es del Supremo, y la pena, de siete años de cárcel. En estos casos es donde se ve la desigualdad del ciudadano ante la Justicia. El que puede pagar una buena asesoría jurídica, las tasas, las multas y los recursos tiene posibilidades de librarse de la trena, incluso sin echar mano de relaciones de influencia, que también las tiene. El resto de los ciudadanos que delinquen, pero sin medios, quedan a expensas de su inocencia. Pueden solicitar el indulto, pero ya desde dentro de la cárcel. No pueden alegar razones humanitarias ni de arraigo ante el fiscal ni el tribunal sentenciador. Y en cuanto al desenlace, es una lotería: a un joven de Vigo ya reinsertado se lo dieron parcial, y un kamikaze que mató a una persona en la autovía y puso en peligro la vida de otras disfruta tan lindamente su libertad.
No es precisamente lo que se llama seguridad jurídica. Ante ello, yo entiendo al señor Matas y hasta estaría dispuesto a defenderlo. A Del Nido, no tanto, porque hizo un choriceo impresentable. Pero créanme: se me hace muy duro que indulten a esta gente porque, como lo hagan, se habrá demostrado que hay una justicia para ricos. Y es lo que le faltaba a este país.