Sumisas


Hay quien edita y escribe manuales pero pretende que sus libros sean juzgados como si fueran novelas de ciencia ficción. Y no es lo mismo. Hay quien firma la obra Cásate y sé sumisa y se sorprende de que algunos se queden solo en el título. Hay quien ofrece interpretaciones, matices, referencias bíblicas y disquisiciones etimológicas interesantísimas que dan otra perspectiva a la palabra sumisa. En todo caso, en esta época, en este lugar y según esta RAE nuestra, la definición de sumisa ofrece las siguientes posibilidades: obediente, subordinada, rendida, subyugada. No es que sea un abanico muy amplio. Y eso sin pasar del título, efectivamente. Pero la polémica es una maquinaria curiosa, que suele escupir en doble sentido, y ha disparado el número de ventas de la obra en España. La autora está encantada con esta campaña publicitaria gratuita y anima a la ministra Ana Mato a ir casa por casa para quemar los libros. Dice en su blog que España salió del franquismo, pero que el franquismo no ha salido de la cabeza de muchas personas. Aunque es su título el que provoca el recuerdo de aquellas guías de la buena esposa de los años cincuenta. En contra de lo que pueda parecer, no es obligatorio elegir entre Leire Pajín y Costanza Miriano. Hay quien no necesita ni pancartas ni libros de autoayuda que iluminen su camino. Hay quien no se siente llamada a quemar sujetadores, pero tampoco quiere volver a ponerse ningún corsé. Hay mujeres que son compañeras, amas de casa, tranquilas, temperamentales, empresarias, desempleadas, millonarias, maternales, sin hijos, conservadoras, progresistas... Pero no arrastran esa necesidad vital de sentirse miembras o sumisas.

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