El poder evocador de la sentencia del «Prestige»

Jaime Concheiro del Río
Jaime Concheiro del Río VERDAD Y DERECHO

OPINIÓN

16 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El nefasto resultado de la tan esperada sentencia del Prestige ha sido debido, entre otras cosas, a que los imputados no eran los auténticos responsables. La demanda debería haber ido dirigida a la empresa armadora y a la entidad clasificadora, que reconoció la viabilidad del buque para navegar. A pesar de ello, dada la magnitud de los daños, es comprensible la irritación y el enorme malestar que ha producido la citada decisión, por dejar indemnes los monstruosos daños producidos.

La gestión política de la catástrofe adoleció de múltiples fallos por intentar minimizar los efectos del siniestro y por la falta de solidaridad, desde un primer momento, con las víctimas, a quienes, con frases y actitudes poco acertadas, abandonaron a su suerte. No bastó que con posterioridad intentasen subsanar estos desaciertos con indemnizaciones, los cuales encontraron su castigo político en las urnas. Cuando los ciudadanos sufren un daño en sus carnes, un daño que afectó a su modo de vida, que afectó a su paisaje, no quieren ver politizado ese perjuicio. De este modo se explica la decepción con el movimiento Nunca Máis, que en un principio arrastró mareas y a día de hoy tiene un mero papel residual.

La situación que ya describí en mi artículo del año 2002 continúa vigente en la actualidad. La Unión Europea sigue sin adoptar medidas reales, que eviten la navegación de buques con un solo casco, pese a que haya directivas que impongan la obligación del doble casco, pero que no entrarán en vigor hasta el año 2015. Además siguen sin adoptarse medidas de carácter preventivo, dado que las establecidas van únicamente dirigidas a las consecuencias del siniestro que se ha producido.