El programa de trasplantes del Chuac

José García Buitrón TRIBUNA

OPINIÓN

E scribo desde Trinidad y Tobago. País de acogida después de mi jubilación forzosa, como la de cientos de profesionales en condiciones de aportar experiencia y conocimientos a nuestra sociedad; pero lo que ahí se desprecia, en otros países lo aprecian. Es la diferencia entre la decadencia y el progreso. Pero esta es otra historia. La que de verdad me interesa contar es la que se refiere a los programas de trasplantes del Hospital de A Coruña. Parece que desde la Consellería de Sanidade sugieren la descapitalización del centro para darle vida al de Santiago. Sería, sin duda, un atropello y una falta de consideración y respeto a toda una historia de trabajo y buen hacer profesional.

Me siento en la obligación inexcusable de levantar la voz y recordar a las memorias frágiles por qué el Hospital de A Coruña es uno de los grandes hospitales trasplantadores de España y, en consecuencia, del mundo. La razón principal no es otra que la apuesta y trabajo de muchos profesionales, entre los que tengo el honor de incluirme. Personalmente fui yo el que comenzó a realizar extracciones de órganos en cada uno de los hospitales de nuestra comunidad. Mientras en Santiago se instalaron en la comodidad, yo me paseaba por toda Galicia, con mi coche propio, haciendo extracciones de órganos. Esa fue la razón por la que los profesionales de esos centros se identificaron con nuestro programa de trasplantes y pusieron a sus pacientes en nuestra lista de espera. Sobre esta base de actuación y trabajo, nos ganamos la confianza de las Administraciones sanitarias (han pasado ya más de treinta años desde entonces) y de nuestra ciudadanía. Para A Coruña el hospital, su hospital, está identificado con los trasplantes de órganos y cualquier intento de descapitalizarlo se tiene que vivir como una agresión intolerable.

Si se quiere racionalizar gasto y apuntar hacia el progreso, lo que tiene que hacer la Administración es, sencilla y llanamente, cerrar lo programa de trasplante renal y de páncreas de Santiago porque son absolutamente testimoniales; pero lo que no es normal en mentes lúcidas es apuntar en la dirección contraria. Es una ocurrencia de una visión localista.

Quiero suponer que nadie en A Coruña está dispuesto a consentir tal atropello. Empezando por el alcalde, las instituciones y la Administración y los profesionales del hospital y, en fin, toda la ciudadanía. No, no podemos consentirlo. Es la maldita historia de nuestra ciudad. Ciudad emprendedora y moderna que se gana a pulso prestigio para que desde las instancias de poder se lleven para otros sitios lo que aquí hemos construido con trabajo y con rigor.

Aunque ya no estoy ahí, sigue siendo mi hospital y mi ciudad. Alzo la voz para que nadie se quede en silencio. Es el momento de decir basta y de levantar un muro en defensa de nuestro hospital y de todos los profesionales que hemos construido un centro de excelencia. No debemos de consentir tal atropello.