Los socialistas se han ido de fin de semana a Madrid. Le llaman conferencia política, pero en realidad son tres días de acercamiento, meditación, autoestima y baño y masaje. Vamos, lo que antaño llamábamos retiro espiritual.
En el cónclave van a abordar los asuntos de mayor actualidad, a decir de los organizadores. O lo que es lo mismo, todo lo que se les ocurra excepto descrédito, liderazgo, relevo generacional, renovación y división interna, que, por lo visto y por lo bien que los tratan las encuestas no forman parte de la actualidad. Acostumbrados están ya a que cada encuesta le caiga a Rubalcaba y a su trolebús de feligreses como un sopapo en todo el morro. Pero ni así se enteran.
Con un líder amortizado y maniatado al cargo, con un discurso carpetovetónico y cansino, los Rubalcabas, Valencianos y López se niegan a ver la realidad. Esa que les dice que carecen de credibilidad y que el PP, con Mariano de gran timonel y Wert como estandarte, los barre del mapa.
Pero ellos insistirán este fin de semana en hablar de lo que les parezca que es importante, excepto de su futuro. Ahora no toca, dicen. Cada uno es libre de dedicar a lo que quiera su holganza. Como si quieren jugar al parchís. Que lo mismo aprovechan mejor el tiempo.